martes, 10 de enero de 2012

“DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI”
Jesús Elorza
                                            
Al escuchar las palabras pronunciadas por el Ayatolá Khomeini, para explicar el fracaso de sus acciones para contrarrestar los campos minados en la guerra contra Irak, uno de sus mas fieles seguidores Mahmoud Ahmadinejad, se levantó de su asiente para proponer una solución al problema militar que estaba planteado. Como instructor escolar, tuvo la “brillante” idea de incorporar a los niños al conflicto armado. Su tesis, la denominó “Dejad que los niños vengan a mi” y yo los transformare en los guerreros santos que van destruir los campos minados. He basado mi propuesta en los estudios de Sigmund Freud sobre La Pulsión de Muerte es decir, la tendencia inherente a toda vida orgánica que se evidencia en actos encaminados a la búsqueda de un estado anterior a la vida. Como vio que nadie entendía, fue mucho mas explicito, con nuestra fe en Hussein nieto de Mahoma nuestros niños serán formados para el sacrificio a cambio de ofrecerles para después de su muerte la entrada al Paraíso.                                 
Khomeini, siguió con mucha atención la propuesta de su aventajado discípulo y ordenó crear la organización de Los Basiji Mostazafan (Movilización de los Oprimidos). Es una milicia de cientos de miles de niños voluntarios dispuestos a ir con júbilo hacia su propia destrucción. En ese mismo acto, juramento como director de la escuela infantil de mártires, a su pupilo Mahmoud Ahmadinejad. Sus palabras de agradecimiento por la responsabilidad encomendada fueron: “La muerte es el comienzo de la verdadera existencia. El mundo natural es el más bajo, apenas la espuma de la Creación. Lo que importa es el mundo divino, que es eterno". Ese mundo eterno y maravilloso es accesible a través del martirio. La muerte no es muerte, sino el tránsito de un nivel inferior a uno superior y espléndido. No interesa que el guerrero gane o pierda en la batalla, sino que muera como mártir: entonces su victoria está asegurada, porque se le abren las puertas del Paraíso”.
Para darle fundamento y fortaleza a la manipulación religiosa que iban a hacer con estos niños, el Ayatolá Khomeini hizo una  compra secreta a Taiwán de  500,000 llaves de plástico, que debían jugar un papel motivador. Resultaba evidente que Saddam Hussein había aprovechado para atacar a su vecino mientras se contorsionaba en el difícil comienzo de la revolución islámica. La desventaja de Irán era enorme y Khomeini decidió compensarla enviando al frente a legiones de niños, muchos de los cuales sólo tenían doce años. Ordenó que a cada uno le colgaran del cuello una llave de plástico, con la que iban a abrir las puertas del paraíso.
Una de las operaciones más crueles que se les asignaron, fue limpiar rutas minadas por las tropas de Saddam Hussein. Los niños avanzaban en cerradas formaciones, haciéndolas explotar con sus cuerpos. Antes de entrar en los campos minados los niños se empezaron a envolver con frazadas. Después rodaban sobre la tierra , de modo que las partes de sus cuerpos pudieran conservarse en gran parte juntas luego de la explosión y se las transportaran a una tumba.

La corriente islámica chiita, que predomina en Irán, se inspira en la convicción de que Hussein, el nieto de Mahoma, debía haber sido el líder del islam, no el califa Yasid. Yasid persiguió y asesinó a Hussein en Karbala. Por eso los niños cuyos cadáveres se apilaban en el frente de batalla gritaban para darse valor: "¡Contra el Yasid de nuestro tiempo!" (Saddam Hussein) o "¡Una nueva Karbala nos espera!" o "¡Que retorne el Mahdi!".

El Presidente iraní, le confesó a uno de sus asistentes que si le volvian a dar una replica de la espada de Bolivar en su visita Al carnal Hugo, lo iba a condecorar con La Llave “Ayatolá Khomeni” para enviarlo como carne de cañon en la guerra contra el imperialismo. Tiene una mente infantil y a lo mejor hasta me lo agradece.

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