jueves, 2 de julio de 2026

 








El sueño roto del 3 de julio
Jesús Elorza
En la sesión del 4 de julio, un diputado opositor sueña despierto en su curul de la Asamblea Nacional. En su mente se mezclan dos momentos clave de la historia de Venezuela:
  • El 5 de julio de 1811: El día en que los próceres firmaron el Acta de la Independencia. Nacía una patria libre del yugo extranjero.
  • El 3 de julio de 2026: El día en que vencen los 90 días de prórroga por la falta temporal del presidente. Es la fecha límite para declarar la vacante absoluta.
Para el legislador, el reloj del destino une estas dos fechas. No es una casualidad. Es un llamado de la historia para rescatar la democracia perdida.
El sueño del diputado se apoya en una herramienta muy poderosa: la ley. El artículo 233 de la Constitución dice que, si el presidente falta de forma absoluta en sus primeros cuatro años, se debe hacer algo de inmediato:
  • Elecciones ya: Convocar a votaciones en los siguientes 30 días.
  • Voto libre: El pueblo debe elegir de forma universal, directa y secreta.
  • Fin de la usurpación: Terminar con el control ilegal del poder.
En su imaginario, el diputado ve el texto constitucional brillar como una antorcha. Usar este artículo es el equivalente moderno a firmar el acta de una nueva independencia.
En el corazón del asambleísta, la sesión del 3 de julio de 2026 no es un trámite más. Es una batalla pacífica pero contundente. El diputado se imagina levantando la mano con fuerza para votar. Siente el peso de la historia y el dolor de millones de venezolanos que quieren un cambio. En su mente, el aire del Palacio Federal Legislativo se siente puro, como el de aquel 5 de julio de 1811. Imagina que las paredes de oro y blanco del hemiciclo recuperan su solemnidad. Visualiza a los diputados de hoy transformados en los próceres civiles de nuestra primera república. En su delirio patriótico, escucha la voz firme de Juan Germán Roscio y el eco de Francisco de Miranda exigiendo romper las cadenas del despotismo. El diputado sueña que levanta el acta del 3 de julio de 2026 como una nueva declaración de libertad. Piensa que la ley es un rayo que destruye la tiranía y repite para sí una frase inspirada en los fundadores: "¡No es la fuerza, sino la justicia de nuestra causa la que nos devolverá la patria libre!". Cree, por un segundo, que se cumplirán los 90 días de prórroga para declarar la vacante absoluta y rescatar el hilo constitucional. Cumplir el artículo 233 no es una opción, es un deber patriótico. El sueño concluye con una imagen de esperanza: las urnas electorales abiertas y un pueblo celebrando su segunda y definitiva independencia.
Un ruido estrambótico destruye el sueño de golpe. No hay próceres, no hay libertad. El diputado abre los ojos bruscamente y se topa con la cruda realidad del hemiciclo actual. El ambiente es pesado, dominado por una mayoría chavista que viste de rojo y sonríe con arrogancia. A su lado, ocupando puestos clave, están los diputados "alacranes". Son aquellos políticos que dicen ser de oposición, pero que actúan como favorecedores del régimen para asegurar su permanencia.
El estruendo proviene de los aplausos ruidosos y los golpes en las mesas que dan los chavistas y los alacranes juntos. Celebran la entrada al hemiciclo de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada que mantiene la estructura del régimen. Las tribunas y las curules se inundan de un solo grito coreado a todo pulmón:
¡Maduro sigue, la ausencia es forzada y no absoluta! ¡Maduro sigue! —gritan los legisladores oficialistas, justificando la ausencia del mandatario tras su captura.
Lejos de Caracas, la sesión se transmite por televisión. En Washington, el secretario de Estado, Marco Rubio, observa las imágenes en una pantalla junto al presidente Donald Trump. Rubio sonríe con ironía, mira al mandatario y le dice:
Sabes, Donald, esos diputados tienen una parte de razón. Tienen razón parcial puesto que Maduro sigue... pero sigue preso. Y nuestra amiga Delcy solo suple la vacante.
Trump asiente con la cabeza en silencio, mientras la televisión muestra el caos en el parlamento venezolano.
De vuelta en el hemiciclo, el diputado soñador, aún aturdido por el despertar y con el pulso acelerado, decide romper el guion del miedo. Se pone de pie, alza la voz por encima del griterío y se atreve a lanzar una pregunta directa que congela el ala oficialista:
¿Tendremos elecciones en los próximos 30 días como establece la constitución? —interroga, invocando el artículo 233.
El silencio se apodera del salón por un instante. Los diputados del régimen y los alacranes se miran entre sí. Luego, de forma automática, todas las miradas se dirigen hacia la figura de Jorge Rodríguez, quien preside la sesión con frialdad.
Rodríguez no se inmuta. Mira al diputado opositor con una sonrisa burlona, se acomoda en su asiento y se limita a decir con total desprecio:
Sí, Luis... ponte a creer.
De inmediato, Rodríguez golpea el mallete con fuerza y da por terminada la sesión, dejando la promesa de la Constitución sepultada bajo las risas del poder.