GGGGOOOO$$$$$$LLL de Infantino
Jesús Elorza
La frontera entre el deporte de masas y los grandes negocios financieros está a punto de borrarse por completo. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, proyecta una transformación radical en la estructura del fútbol global: convertir la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes en entidades similares a sociedades anónimas. El plan, revelado por el diario británico The Times, contempla repartir el capital accionarial de estos torneos entre federaciones nacionales e inversores privados, un movimiento que promete redefinir el poder en el fútbol e incrementar exponencialmente las arcas de su máximo dirigente.
Un entramado de alto nivel: Wall Street y la Casa Blanca
El diseño para privatizar parcialmente el producto estrella del fútbol mundial no se ha gestado en el aislamiento de Zúrich. La propuesta cuenta con la colaboración de figuras cercanas al entorno del expresidente estadounidense Donald Trump, anfitrión clave en la organización de eventos internacionales.
La propia FIFA confirmó la implicación de dos actores financieros de gran peso:
Thrive Capital: Firma de inversión propiedad de Joshua Kushner (hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump), encargada de reunir al grupo de inversores privados dispuestos a adquirir una porción de los Mundiales masculino y femenino.
JP Morgan: El gigante bancario estadounidense, que asumirá el rol de asesor financiero en la reestructuración.
La estructura del negocio: ¿Cómo se repartiría el Mundial?
La estrategia pasa por constituir una nueva compañía dedicada exclusivamente a la gestión de los derechos de la Copa del Mundo. El reparto accionarial propuesto quedaría distribuido de la siguiente manera:
30% para inversores privados: Comercializado a través de los grupos gestionados por Thrive Capital.
20% para las federaciones miembro: Un paquete accionario repartido entre las federaciones nacionales asociadas a la FIFA.
50% restante: Mantendría la participación institucional del organismo rector.
Bajo este esquema, se calcula que cada federación recibiría un paquete accionario valorado en aproximadamente 20 millones de dólares.
El incentivo político y la masa votante
Para Infantino, la aprobación de las federaciones nacionales —propietarias jurídicas de la FIFA— es imprescindible. El incentivo económico no es menor: la mayoría de estas entidades cuenta con un presupuesto anual que no supera los 10 millones de dólares, por lo que recibir de golpe 20 millones representa una cifra transformadora.
Esta jugada conecta de manera directa con el discurso que catapultó al dirigente suizo a la presidencia en febrero de 2016, cuando prometió a los dirigentes locales que "los dineros de la FIFA son vuestro dinero". Para sus detractores, el plan no es más que la consolidación de una estrategia institucionalizada para asegurar respaldos y perpetuarse en el poder de cara a las próximas elecciones.
De concretarse el proyecto y lograr la reelección en 2027 (lo que extendería su mandato hasta 2031), Infantino pasaría a ocupar el rol de consejero delegado o comisionado de esta nueva entidad corporativa.
Aunque la FIFA no ha especificado la cifra oficial, fuentes cercanas al esquema afirman que la retribución se equipararía a la de Roger Goodell, comisionado de la NFL, cuyo salario ronda los 64 millones de dólares anuales. Esto multiplicaría por diez los ingresos actuales del presidente de la FIFA, marcando el paso definitivo de una dirigencia deportiva tradicional hacia la gestión corporativa de alto rendimiento financiero.
El caso de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) ilustra a la perfección el engranaje político de la FIFA: en la estructura del organismo rector, cada federación tiene un voto de igual valor, sin importar si la selección ha ganado cinco Copas del Mundo o si nunca ha logrado clasificar.
A pesar de que La Vinotinto sigue siendo la única selección de la CONMEBOL que jamás ha disputado una fase final de la Copa del Mundo masculina, la FVF representa exactamente la clase de votos sobre la que Gianni Infantino ha construido su permanencia en el poder:
Apoyo incondicional en el congreso: La directiva de la FVF ha respaldado sistemáticamente la gestión de Infantino, celebrando sus reelecciones y avalando proyectos de reforma global a cambio de respaldo institucional.
Dependencia de los programas de desarrollo: Con presupuestos locales ajustados, los aportes económicos de la FIFA —a través de iniciativas como el programa FIFA Forward o la inyección directa de divisas— son vitales para financiar desde centros de entrenamiento hasta Sedes administrativas.
Incentivo decisivo: Frente a propuestas financieras astronómicas, para federaciones que no cuentan con los ingresos comerciales de selecciones campeonas o clasificadas, asegurar un paquete de liquidez a cambio de la aprobación de reformas resulta una propuesta muy difícil de rechazar.
Así, mientras los aficionados venezolanos continúan esperando el sueño deportivo de ver a su selección en un Mundial, en los despachos dirigentes la FVF opera como un socio clave en la maquinaria de alianzas que sostiene las decisiones del fútbol global.