“Si San Juan lo tiene, Sanjuán
no lo da”
Jesús Elorza
A una sola voz, obreros,
empleados y profesores —tanto activos como jubilados— entonan en los pasillos
universitarios una frase que trasciende la devoción popular del cada 24 de
junio para convertirse en un reclamo categórico de dignidad. El tradicional
lema popular reverbera hoy con un sesgo amargo y desgarrador para retratar la
política salarial y de exclusión impuesta por la Ministra de Educación
Superior, Ana María Sanjuán.
La comunidad
universitaria, articulada a través de sus autoridades académicas y
representaciones gremiales, ha alzado la voz para denunciar el atropello y la
discriminación sistemática que ejerce el Ministerio de Educación Universitaria.
El foco del conflicto se centra en la negativa del Ejecutivo a cancelar el
“Bono de Responsabilidad Académica” (anteriormente denominado “Bono de
Responsabilidad Profesional”) a la totalidad del personal docente,
administrativo y obrero de las Universidades, extendiendo la afectación tanto a
trabajadores activos como a jubilados.
Los hechos que sustentan
esta grave denuncia revelan un patrón de desmantelamiento institucional. En
primer lugar, la asignación de este beneficio obedece a una decisión unilateral
del Ejecutivo Nacional, adoptada a espaldas de las instituciones superiores y
sin consulta alguna con las autoridades universitarias. El pago ha sido
procesado mediante la data del Sistema Patria, despojando a la universidad de
sus competencias históricas de control y gestión de nómina. Aunque la institución
elabora y envía rigurosamente las maquetas para el procesamiento de los
salarios y el bono de alimentación, no tiene participación ni fiscalización
sobre la entrega de bonificaciones adicionales. Se desconocen los criterios
técnicos aplicados, los montos definitivos y la lista real de beneficiarios.
Esta
discrecionalidad se agrava con la ausencia de canales formales de comunicación.
El Ministerio ha sustituido las vías institucionales y resoluciones oficiales
por la difusión informal de flyers digitales. En la práctica, el bono ha
sido entregado de manera excluyente, opaca y caótica, sumiendo a las familias
universitarias en la incertidumbre y profundizando los niveles de pobreza
extrema a los que ha sido sometido el sector.
No existen fundamentos
legales, contractuales, económicos ni sociales que justifiquen la exclusión del
personal jubilado de estas bonificaciones. La actuación ministerial quiebra
flagrantemente los principios constitutivos de igualdad, no discriminación y
progresividad de los derechos laborales consagrados en las leyes venezolanas. Para colmo de la arbitrariedad, la gestión
ministerial ha introducido un sesgo de discriminación interinstitucional al
limitar el pago efectivo de dicho bono a los profesores de la Universidad
Central de Venezuela (UCV), dejando desamparados a los trabajadores del resto
de las casas de estudio del país.
Ante la ola de reclamos,
la respuesta de la cartera ministerial ha sido evadir su responsabilidad,
argumentando falsamente que la omisión en el pago responde al supuesto
incumplimiento de las universidades en la entrega de sus nóminas. Cabe preguntarse con indignación: ¿Cómo se
le pretende decir al país que un ministerio ignora la nómina de las
universidades bajo su tutela? ¿Se ejercen responsabilidades de Estado sin
conocer a los trabajadores que integran el sector?
Frente a este descalabro
laboral y administrativo, la respuesta ministerial ha pretendido desviar la
atención planteando la reforma de la Ley de Universidades. La contestación de
la comunidad universitaria ha sido inmediata y contundente: lo urgente y
prioritario es frenar la violación sistemática de los derechos laborales,
restituir salarios dignos, respetar la autonomía universitaria, levantar el
asfixiante cerco presupuestario y atender integralmente a los estudiantes
mediante el rescate de comedores, transporte, bibliotecas y becas.
En el contexto actual,
cualquier discusión legislativa solo buscaría afianzar el autoritarismo y
consolidar la eliminación de los derechos conquistados. La verdadera
transformación solo será posible garantizando elecciones libres y democráticas
para renovar las autoridades rectorales y decanales en un ambiente de pleno
respeto a la institucionalidad.