miércoles, 6 de mayo de 2026

 









              "​DIA NACIONAL DEL ENTRENADOR DEPORTIVO"

                                        51º ANIVERSARIO  1975-2026
 
Durante la primera semana del mes de Mayo en 1975, la Huelga de los Entrenadores, marcó un hito en la historia deportiva, no solamente nacional sino internacional, porque era la primera manifestación, de ese tipo, que se daba en el sector de los trabajadores del deporte a nivel mundial en procura de reivindicaciones laborales negadas desde la creación del IND en 1949.​
El "8 de mayo" quedó establecido oficialmente como el “Día del Entrenador Deportivo” en reconocimiento a la gesta que se había librado durante toda esa semana ya que en esa fecha alcanzó la solución a las demandas laborales  requeridas por los entrenadores en ese momento.​
Tiempo presente duro y difícil. Nada que celebrar, mucho porque luchar.

 





















8 de mayo: Día del Entrenador Deportivo Venezolano.

De la gloria reivindicativa al desafío de la supervivencia

Jesús Elorza

El 8 de mayo no es una fecha de celebraciones vacías en el calendario venezolano. Es una fecha que nació de la lucha, del hambre como sacrificio y de la convicción de un gremio que, en 1975, decidió que el deporte no podía seguir creciendo a costa de la precariedad de sus trabajadores. Hoy, a 50 años de aquella gesta histórica, el entrenador venezolano se encuentra en una encrucijada donde la memoria del pasado es la única brújula para un futuro digno.

El Hito de 1975: Cuando el Silbato se Convirtió en Grito de Lucha

La historia marca la primera semana de mayo de 1975 como un punto de inflexión internacional. Por primera vez en el mundo, los trabajadores del deporte se declaraban en huelga nacional. No era solo un reclamo salarial; era una batalla por la dignidad profesional frente a un Instituto Nacional de Deportes (IND) que, desde su creación en 1949, les negaba derechos básicos.

El 8 de mayo de 1975 quedó institucionalizado como el Día del Entrenador Deportivo porque fue el día en que se alcanzó la victoria. Tras una semana de huelga de hambre, los entrenadores lograron conquistas que se convirtieron en referencia para el sindicalismo venezolano:

  • Contratación Colectiva: El reconocimiento del derecho a negociar condiciones con el patrono (IND).
  • Indexación Salarial: Una cláusula pionera que ajustaba los salarios anualmente según los índices inflacionarios del Banco Central de Venezuela.
  • Manual de Clasificación de Cargos: Se otorgó jerarquía y fisonomía propia al entrenador dentro de la administración pública.
  • Seguridad Social: La creación de cajas de ahorro con aportes bipartitos (12%) y el establecimiento de seguros HCM.

A diferencia de aquel 1975 donde se luchaba por progresar, hoy, en pleno 2026, el entrenador venezolano lucha por la subsistencia básica. Tras más de dos décadas de políticas que el gremio califica como autocráticas, el panorama laboral ha retrocedido a niveles críticos.

La realidad actual de los forjadores de talentos se resume en una sistemática política de desconocimiento de aquellos logros históricos:

  1. Parálisis Contractual: Los contratos colectivos han estado congelados por 27 años. No existe hoy un marco de relación laboral discutido y aprobado democráticamente con el IND.
  2. Discriminación y Desigualdad: El convenio con Cuba trajo al país a miles de colaboradores extranjeros bajo condiciones de privilegio. Mientras a los entrenadores nacionales se les remunera con bolívares devaluados y bonos sin incidencia prestacional, a los foráneos se les han asignado pagos en divisas, violando el principio de "a igual trabajo, igual salario".
  3. El Colapso de la Protección: Las coberturas de HCM son hoy simbólicas o inexistentes, dejando a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema ante enfermedades. Además, se denuncia la retención ilegal de los aportes a la Caja de Ahorros del IND (12% del trabajador y 12% patronal), cuyo destino es incierto.
  4. Salarios, jubilaciones y pensiones de hambre: La política de "bonificación" del salario ha destruido los pasivos laborales, las pensiones y las jubilaciones, convirtiendo el retiro de los entrenadores en una condena a la pobreza.

A 50 años de la huelga nacional, las palabras del dirigente Carlos Sánchez cobran una vigencia casi profética: «El entrenador deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por un deporte mejor y no doblegarse ante ningún burócrata... Solo la unidad gremial nos hará fuertes».

El 8 de mayo debe servir para recordar que los derechos no fueron un regalo, sino el resultado de la organización colectiva. Hoy, la infraestructura deportiva puede estar en ruinas y los salarios pulverizados, pero la semilla de la conciencia social sembrada en 1975 permanece viva. La historia del entrenador deportivo venezolano sigue abierta, y la lucha por un presente digno, tal como en aquella semana de mayo, continúa.

 


 









 

EL AUMENTO SALARIAL ES UN PROBLEMA POLITICO

Jesús Elorza

En Venezuela, el aumento salarial es un problema político de primer orden debido a que el salario ha dejado de ser solo una compensación económica para convertirse en un mecanismo de supervivencia y control estatal.

Bajo la administración de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el panorama se resume en los siguientes argumentos:

1. La "Bonificación" del Ingreso como Estrategia Fiscal

El gobierno ha optado por aumentar el Ingreso Mínimo Integral (que alcanzó los $240 en mayo de 2026) a través de bonos (Bono de Guerra Económica y Cestaticket) en lugar de aumentar el salario mínimo base, que permaneció congelado en 130 bolívares desde 2022. 

  • Implicación política: Esto permite al Estado aumentar el dinero circulante sin incrementar sus pasivos laborales (prestaciones, vacaciones, pensiones), lo que técnicamente se conoce como "desalarización" del trabajo. 

2. Control Social y Dependencia Estatal

El uso de bonos distribuidos a través de plataformas gubernamentales (como el Sistema Patria) refuerza la dependencia del ciudadano hacia el Estado. 

  • Argumento político: El salario ya no depende del mercado ni del contrato colectivo, sino de la voluntad discrecional del Ejecutivo. Esto debilita la autonomía de los trabajadores y los sindicatos, convirtiendo el ingreso en una herramienta de subyugación política

3. El Salario como Termómetro de Legitimidad

Tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y la transición liderada por Rodríguez, el aumento salarial ha sido utilizado para intentar calmar el creciente malestar social y las protestas, que aumentaron significativamente durante el primer trimestre de 2026. 

  • Conflicto: Aunque se anunció un alza del 26% respecto a los montos previos, sectores laborales lo califican de insuficiente o "burla", dado que la canasta alimentaria supera los $600

4. Uso de las Sanciones como Justificación Política

El discurso oficial vincula directamente la incapacidad de decretar aumentos mayores con las sanciones internacionales.

  • Argumento: Al condicionar la mejora salarial al levantamiento total de sanciones, el gobierno traslada la responsabilidad política del bajo poder adquisitivo a actores externos (como Estados Unidos), utilizándolo como moneda de cambio en negociaciones diplomáticas. 

5. Erosión de los Derechos Constitucionales

El artículo 91 de la Constitución venezolana establece que todo trabajador tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir sus necesidades básicas. 

Al mantener un salario base de apenas centavos de dólar y compensar con bonos que no computan para beneficios legales, el Estado incurre en una violación sistemática de la norma constitucional, generando un conflicto político de legalidad y justicia social


domingo, 3 de mayo de 2026

 








La Peregrinación del Salario:

Crónica de una Pulverización Anunciada (2018-2026)

Jesús Elorza

Si la economía venezolana fuera una obra de teatro, el año 2018 sería el acto donde el protagonista —nuestro sufrido salario— inicia una peregrinación forzosa hacia el abismo. No fue un accidente; fue el resultado de una ingeniería del desastre bautizada con el pomposo nombre de "Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica".

El 17 de agosto de 2018, Nicolás Maduro lanzó un conjunto de medidas drásticas que prometían estabilizar una economía que ya estaba en cuidados intensivos. Bajo la promesa de "revalorizar" el ingreso, lo que recibimos fue la partida de nacimiento de la mayor pulverización del poder adquisitivo en nuestra historia. Aunque nominalmente el salario subió, la hiperinflación aceleró los precios a una velocidad tal que, en cuestión de semanas, el aumento fue devorado por la realidad.

El impacto del plan fue un bumerán que golpeó directamente en el estómago del trabajador:

  • El punto más bajo del siglo: Al cumplirse el primer aniversario del plan (agosto 2019), el salario mínimo mensual había caído a su sima histórica: equivalía a unos 2,76 dólares según la tasa oficial de la época.
  • La trampa del IVA: El ajuste cambiario y el aumento de impuestos dispararon el costo de la canasta básica, empujando a la población hacia la pobreza extrema.
  • Empresas en quiebra: El aumento salarial impuesto, sin base productiva, provocó cierres masivos e informalidad laboral.
  • La ineficacia crónica: Tan inútil fue el ajuste que, apenas tres meses después (noviembre 2018), el gobierno tuvo que aumentar el salario nuevamente en un 150%.

Un contexto de terror

Para entender la magnitud de esta peregrinación al hambre, debemos recordar el entorno de 2018: la hiperinflación cerró con una cifra superior al 130.000% según el BCV (o un delirante 1.600.000% según la Asamblea Nacional), mientras el PIB se contraía un 15% solo ese año.

La Estación del Aplanamiento: El Instructivo ONAPRE

En su búsqueda por la supervivencia, el salario se topó en 2022 con un muro infranqueable: el Instructivo de la Oficina Nacional de Presupuesto (ONAPRE). Este instrumento, que sigue operando con rigor en 2026, funcionó como una guillotina para los derechos adquiridos:

  • Aplanamiento de la Escala: Se recortaron unilateralmente primas por antigüedad y profesionalización, eliminando la meritocracia.
  • Suspensión de Facto de Contratos: El régimen anuló años de luchas sindicales al imponer tablas únicas sin discusión.
  • Muerte de las Prestaciones: Al reducir el sueldo base, el monto final de prestaciones sociales y aguinaldos quedó reducido a cenizas.

El 3 de enero de 2026, un evento político inesperado —la detención de Maduro por parte de autoridades estadounidenses— generó la ilusión de una ventana de cambio. Los trabajadores presentaron un pliego de 17 exigencias ante el Ministerio del Trabajo y la Asamblea Nacional, cuyos ejes centrales son:

  1. Salario y Pensiones Dignas: Ajuste del salario mínimo vital y eliminación de la bonificación para que el ingreso impacte en beneficios reales.
  2. Libertad Sindical: Cese a la persecución y criminalización de dirigentes laborales.
  3. Seguridad Social: Restitución de sistemas de salud (HCM) y funerarios.
  4. Transparencia: Cobertura mediática plena en las negociaciones y dotación de insumos básicos.

La "Falsa Peregrina" y el Engaño del Ingreso Mínimo

Sin embargo, la solución no llegó. En su lugar apareció una "Falsa Peregrina" que, ocupando ilegalmente la presidencia, lanzó una campaña electoral disfrazada de lucha contra las sanciones. Su anuncio final, el 30 de mayo, de un “aumento responsable” fue una bofetada a la clase trabajadora:

  • Ingreso Mínimo Integral: Elevado a 240 dólares mensuales, pero compuesto casi totalmente por bonificaciones (Bono de Guerra y Cestaticket).
  • Sueldo Base Congelado: Se mantiene estancado en 130 Bs., anulando cualquier impacto en utilidades o vacaciones.
  • Pensiones de Hambre: Fijadas en apenas 70 dólares mensuales, insuficientes para la supervivencia básica.

La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar. Este Primero de mayo de 2026, las calles de Venezuela se convirtieron en un solo clamor nacional. Al rechazo contra la "Falsa Peregrina" y los "Judas" de la Mesa Nacional de Dialogo para los Consensos Laborales y Sociales, se sumó una consigna que cambió el rumbo de la lucha: "ELECCIONES YA".

Lo que en 2018 se presentó como un plan de "recuperación", terminó siendo el acta de defunción del salario. Hoy, el mensaje es claro: el salario no tendrá resurrección mientras no haya Libertad y Democracia. La peregrinación continúa, pero ahora el caminante no solo busca comida; busca el voto, elecciones y el fin de la usurpación para que el trabajo vuelva a ser el motor del progreso.