El día que la tierra tembló y el
traje de la reina se esfumó
Jesús Elorza
El pasado 24 de junio de
2026, Venezuela no solo sufrió el embate implacable de la naturaleza con un
devastador terremoto; también fue testigo del colapso definitivo de una puesta
en escena que duró años. Como en el célebre cuento de Hans Christian Andersen, El
rey desnudo, el régimen usurpador pasó décadas tejiendo un traje de
mentiras, opulencia y falsa normalidad. Pero la realidad, con su fuerza
destructiva y trágica, terminó por desnudar por completo a la reina encargada
ante los ojos de todo un país y del mundo.
Las costosas telas de una
falsa normalidad
Durante años, los
costureros de la propaganda oficialista pretendieron vestir al régimen con
hilos de oro. Se gastaron millonarias e insultantes cantidades de dinero
público en:
- Festivales musicales y conciertos de
nivel internacional para simular una bonanza
económica inexistente.
- Construcción de monumentales estadios
de béisbol, mientras las escuelas e
infraestructuras básicas se caían a pedazos.
- Campañas políticas obscenamente
costosas y el financiamiento de bufetes de
abogados internacionales para defender los crímenes del narco-dictador.
- El eterno desangre de recursos hacia
el extranjero, regalando petróleo a Cuba y
financiando la permanencia de 10.000 supuestos "entrenadores" y
agentes de control cubanos.
Este era el suntuoso
"traje" con el que la cúpula se paseaba frente a las cámaras,
pretendiendo que Venezuela se había arreglado.
La cruda desnudez de las
instituciones
Bastaron unos segundos de
temblor para que el ropaje de la soberbia gubernamental se evaporara, dejando
al descubierto una realidad esquelética y miserable. La tragedia civil expuso
las verdaderas prioridades del Estado:
Un Estado indefenso:
Los cuerpos de bomberos y los grupos de rescate —los primeros que debían
responder a la emergencia— se encontraron sin camiones cisterna operativos, sin
herramientas de corte, sin equipos de protección y con presupuestos asfixiados.
La crisis hospitalaria,
tantas veces denunciada y tantas veces negada por el palacio, se mostró en toda
su crudeza:
- Hospitales sin plantas eléctricas
funcionales ni agua corriente.
- Falta absoluta de insumos médicos
básicos (gasas, anestesia, analgésicos).
- Médicos y enfermeras devorando
salarios miserables, trabajando con las uñas y arriesgando sus vidas en
estructuras colapsadas.
El pueblo salva al
pueblo: El verdadero valor en la calle
Mientras la estructura
del Estado demostraba su total inoperancia, la verdadera reserva moral de la
nación emergió de las ruinas. El voluntariado del pueblo venezolano dio la cara
con una voluntad inquebrantable.
Fueron los ciudadanos de
a pie, los jóvenes, los vecinos y la sociedad civil organizada quienes, de
manera espontánea, salieron a las calles a remover escombros con sus propias
manos para rescatar a los sobrevivientes. Fueron ellos quienes organizaron
centros de refugio improvisados, recolectaron alimentos y medicinas, y
utilizaron sus propios vehículos particulares para trasladar a los heridos a
unos hospitales desbordados.
Mientras el poder
demostraba su inutilidad, la solidaridad ciudadana demostró su grandeza.
"La Reina usurpadora
va desnuda"
En medio del caos y el
dolor, la reina encargada apareció ante los medios de comunicación. Con el
mismo cinismo de los sastres del cuento de Andersen, pretendió leer un guion de
normalidad, asegurando con frialdad que "todo estaba bajo control" y
que el Estado socialista respondía con eficiencia.
Pero el encanto se había
roto. Los aplausos ensayados no pudieron ocultar los gritos de auxilio ni el
silencio de los fallecidos bajo las estructuras mal construidas. Al igual que
el niño inocente de la fábula que se atrevió a gritar la verdad en medio del
desfile, hoy el pueblo venezolano, golpeado pero despierto, comenta con
indignación y total claridad en cada esquina de la tragedia:
"La Reina usurpadora
y encargada... va desnuda". Su traje de propaganda
se ha disuelto, y lo único que queda a la vista es la miseria de un régimen que
prefirió financiar su propia impunidad antes que proteger la vida de sus
ciudadanos.
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