viernes, 26 de junio de 2026

 










 

 

El día que la tierra tembló y el traje de la reina se esfumó

Jesús Elorza

El pasado 24 de junio de 2026, Venezuela no solo sufrió el embate implacable de la naturaleza con un devastador terremoto; también fue testigo del colapso definitivo de una puesta en escena que duró años. Como en el célebre cuento de Hans Christian Andersen, El rey desnudo, el régimen usurpador pasó décadas tejiendo un traje de mentiras, opulencia y falsa normalidad. Pero la realidad, con su fuerza destructiva y trágica, terminó por desnudar por completo a la reina encargada ante los ojos de todo un país y del mundo.

Las costosas telas de una falsa normalidad

Durante años, los costureros de la propaganda oficialista pretendieron vestir al régimen con hilos de oro. Se gastaron millonarias e insultantes cantidades de dinero público en:

  • Festivales musicales y conciertos de nivel internacional para simular una bonanza económica inexistente.
  • Construcción de monumentales estadios de béisbol, mientras las escuelas e infraestructuras básicas se caían a pedazos.
  • Campañas políticas obscenamente costosas y el financiamiento de bufetes de abogados internacionales para defender los crímenes del narco-dictador.
  • El eterno desangre de recursos hacia el extranjero, regalando petróleo a Cuba y financiando la permanencia de 10.000 supuestos "entrenadores" y agentes de control cubanos.

Este era el suntuoso "traje" con el que la cúpula se paseaba frente a las cámaras, pretendiendo que Venezuela se había arreglado.

La cruda desnudez de las instituciones

Bastaron unos segundos de temblor para que el ropaje de la soberbia gubernamental se evaporara, dejando al descubierto una realidad esquelética y miserable. La tragedia civil expuso las verdaderas prioridades del Estado:

Un Estado indefenso: Los cuerpos de bomberos y los grupos de rescate —los primeros que debían responder a la emergencia— se encontraron sin camiones cisterna operativos, sin herramientas de corte, sin equipos de protección y con presupuestos asfixiados.

La crisis hospitalaria, tantas veces denunciada y tantas veces negada por el palacio, se mostró en toda su crudeza:

  • Hospitales sin plantas eléctricas funcionales ni agua corriente.
  • Falta absoluta de insumos médicos básicos (gasas, anestesia, analgésicos).
  • Médicos y enfermeras devorando salarios miserables, trabajando con las uñas y arriesgando sus vidas en estructuras colapsadas.

El pueblo salva al pueblo: El verdadero valor en la calle

Mientras la estructura del Estado demostraba su total inoperancia, la verdadera reserva moral de la nación emergió de las ruinas. El voluntariado del pueblo venezolano dio la cara con una voluntad inquebrantable.

Fueron los ciudadanos de a pie, los jóvenes, los vecinos y la sociedad civil organizada quienes, de manera espontánea, salieron a las calles a remover escombros con sus propias manos para rescatar a los sobrevivientes. Fueron ellos quienes organizaron centros de refugio improvisados, recolectaron alimentos y medicinas, y utilizaron sus propios vehículos particulares para trasladar a los heridos a unos hospitales desbordados.

Mientras el poder demostraba su inutilidad, la solidaridad ciudadana demostró su grandeza.

"La Reina usurpadora va desnuda"

En medio del caos y el dolor, la reina encargada apareció ante los medios de comunicación. Con el mismo cinismo de los sastres del cuento de Andersen, pretendió leer un guion de normalidad, asegurando con frialdad que "todo estaba bajo control" y que el Estado socialista respondía con eficiencia.

Pero el encanto se había roto. Los aplausos ensayados no pudieron ocultar los gritos de auxilio ni el silencio de los fallecidos bajo las estructuras mal construidas. Al igual que el niño inocente de la fábula que se atrevió a gritar la verdad en medio del desfile, hoy el pueblo venezolano, golpeado pero despierto, comenta con indignación y total claridad en cada esquina de la tragedia:

"La Reina usurpadora y encargada... va desnuda". Su traje de propaganda se ha disuelto, y lo único que queda a la vista es la miseria de un régimen que prefirió financiar su propia impunidad antes que proteger la vida de sus ciudadanos.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario