Literatura y Fútbol
Jesús Elorza
La literatura y el fútbol
comparten una relación profunda, ya que ambos son narrativas que exponen el
comportamiento humano, las pasiones, las contradicciones y la catarsis
colectiva. Lejos de la antigua idea de que el balompié carece de valor
intelectual, grandes autores han utilizado este deporte para explorar la
identidad cultural y la vida misma. Podemos citar entre otros a:
- Eduardo Galeano (Uruguay):
Su libro El fútbol a sol y sombra es considerado el clásico
absoluto de la literatura futbolística. Combina historia, poesía y
anécdotas para construir una crónica sentimental del deporte. Su texto nos
ofrece un compendio de la Historia del fútbol —contada con su particular
estilo— en el que intercalaba pequeñas historias que recogían el alma del
balompié. Todas, las grandes y las pequeñas, culminaban con una frase
precisa que hacía las veces de perfecto remate a la red. El autor fue uno
de los primeros en alertar sobre la deriva que estaba tomando el fútbol
—la misma que la vida—: hacia los beneficios netos, la desigualdad, la
falta de empatía y, eso sí, una constante fotografía del ser humano. Como
muestra, aquella vez que se celebraba un partido en Quito. La madre del
árbitro había fallecido el día anterior. Pese a ello, el árbitro decidió
cumplir con sus obligaciones. Antes del inicio del partido, se guardó un
respetuoso minuto de silencio por la difunta madre. También se pronunció
un sentido discurso alabando la profesionalidad y el compromiso del
colegiado. El público aplaudió con emotividad. Cuando iban 15 minutos de
partido, el equipo local anotó un gol. El árbitro lo anuló. Entonces, la
grada se acordó de nuevo de su madre. “¡Huérfano de puta!”, dicen que se
escuchó.
- Mario Benedetti (Uruguay):
Compatriota de Galeano, Benedetti no fue ajeno a la pasión del tablón y
entendió el fútbol como un espejo de la vida cotidiana del ciudadano
común. En su célebre cuento "Puntero izquierdo", el autor
retrata con crudeza y una ironía entrañable las presiones, la corrupción y
los dilemas morales de un jugador amateur de barrio que se debate entre el
soborno y su orgullo deportivo. Benedetti plasma la cancha no solo como un
espacio de juego, sino como un escenario donde se disputan la dignidad, la
lealtad y las tensiones sociales del día a día, demostrando que un partido
de noventa minutos puede contener todo el drama de la existencia humana.
- Juan Villoro (México):
En su obra ensayística Dios es redondo, analiza el fenómeno social,
la pasión y la mística que rodean a las canchas y a sus protagonistas. En
sus columnas futbolísticas, Villoro ofrece un singular destilado de
intelectualidad y pasión. Sus crónicas del mundial de 1998 y sus certeras
reflexiones de aquellos años son parte de la historia de la literatura y
el balompié. Leídas con la perspectiva del tiempo, se entiende aquello que
dijo Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en
este claroscuro surgen los monstruos”.
- Eduardo Sacheri (Argentina):
Conocido por sus novelas (como La pregunta de sus ojos, adaptada al
cine), captura magistralmente la épica cotidiana y la nostalgia de los
hinchas de fútbol. Sacheri logra convertir el amor por los colores de un
club en el motor de historias humanas profundas sobre la amistad, la traición
y la justicia.
- Albert Camus (Francia):
El célebre filósofo y escritor fue portero en su juventud (en el Racing
Universitario de Argel), y dejó una de las frases más recordadas sobre el
compañerismo y la moral: "Lo que más sé sobre la moral y las obligaciones
de los hombres, se lo debo al fútbol". Para Camus, la cancha era
el único lugar donde los seres humanos se mostraban puros y sin máscaras.
- Ruy Castro (Brasil):
Su obra Garrincha, Estrella Solitaria (1995) es probablemente la
mayor obra periodística jamás realizada sobre un gigante del fútbol. Más
que un reportaje, una biopsia; la narración sofocante de Ruy Castro
abandera los principios de la escuela de Frankfurt basados en la Teoría
Crítica, que buscaba desenmascarar las estructuras de poder y cuestionar
profundamente la sociedad capitalista industrial, la cultura de masas y la
razón instrumental. No trabaja sobre la realidad ya dada, sino que intenta
revelar la cara escondida del show. Un ejercicio crítico imprescindible
para constituir verdadero periodismo; una hazaña prácticamente inviable
desde que el fútbol se transformó en una industria con la complicidad del
entramado mediático que se financia de su misma raíz. Ni los organizadores
de torneos, ni los ídolos, ni los hinchas que los idolatran, ni los
consumidores del entretenimiento que todos producen, ni mucho menos las
compañías que adquieren los derechos de difusión a cambio de fortunas,
están interesadas en cuestionarse a sí mismos.
- Nick Hornby (Reino Unido):
En 1992 apareció en Inglaterra un libro titulado Fiebre en las gradas
(Fever Pitch, editado por Anagrama). Lo escribía Hornby, un tipo
nacido en 1957 en Maidenhead, localidad a una hora en coche de Londres.
Hornby hizo algo que, hasta entonces, nadie había hecho —o nadie, al
menos, había hecho tan bien—: poner palabras a su relación obsesiva con el
Arsenal londinense. El libro habla de fútbol, sí —ordenado
cronológicamente de 1968 a 1992, donde el subtítulo de cada capítulo son
la fecha y los contendientes de un partido— pero sobre todo habla de los
hinchas y de cómo el fútbol moldea su identidad y sus etapas vitales. En
una época en la que los seguidores eran considerados una masa compacta y
un poco cerril, alguien saltaba al terreno de juego de los libros a
intentar explicar una pregunta casi filosófica: ¿por qué alguien se hace
de un equipo? ¿Qué lleva a una persona a cruzarse un país un miércoles por
la noche para ver un partido de segunda o tercera división? Hornby lo
explica con gracia, con un necesario toque de ironía aplicado a sí mismo y
un lenguaje tan sencillo y certero que invita a la lectura a los que son
futboleros y a los que no. El talento del autor lleva el libro mucho más
allá: el fútbol es muchas cosas, entre ellas un estupendo pasatiempo para
que padres e hijos puedan pasar juntos un rato sin necesidad de buscar —y
encontrar, lo cual puede ser incluso peor— un tema de conversación.
En síntesis, podemos
decir que la literatura y el fútbol comparten una relación profunda, ya que
ambos son narrativas que exponen el comportamiento humano, las pasiones, las
contradicciones y la catarsis colectiva. Lejos de la antigua idea de que el
balompié carece de valor intelectual, grandes autores han utilizado este
deporte para explorar la identidad cultural y la vida misma.
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