JUEGO MACABRO
Jesús Elorza
En la población de Turmero en el Estado Aragua todo era alegría al enterarse que uno de sus jóvenes pobladores había sido seleccionado para ser firmado por un equipo de las grandes ligas del béisbol norteamericano. Todo el mundo comentaba que el futuro de ese muchacho seria igual o mejor que el de Concepción o Cabrerita. Su average de 320, más de 100 carreras impulsadas y sus 35 jonrones en la temporada regular de su equipo servían de base para los mejores pronósticos. Otros estudiosos del béisbol aplicaban los nuevos conceptos de “Sabermetría” para señalar que el promedio de embasado (OBP) en 480 y un “Slugging” (OPS) de 150 realmente convierten a este joven prospecto en una de las mayores esperanzas del béisbol a nivel mundial.
Sus amigos, no paraban de felicitarlo y jocosamente le decían que no se olvidara de invitarlos a ver su debut en la gran carpa. Otros le decían que cogiera su cursito de ingles On Line para que no diera pena diciendo “Wachinton” o “Rechiquen” por repollo.

Sin embargo, las miserias humanas salieron a flote. La codicia envolvió al entorno familiar. Su exmarido ayudado por su hermana y su sobrino se propusieron “sacarla del juego” para que todo lo relativo a la firma del muchacho se hiciera a través de él.
En ese juego macabro, la madre atendió a una invitación que le hizo “su amiga y cuñada” profesora para que la visitara en su casa. Allí, la esperaban su ex, su sobrino y nada más y nada menos que un pran recién salido del Penal de Tocorón. La asesinaron a puñaladas y posteriormente la descuartizaron. Quemaron sus restos y los colocaron dentro de dos cuñetes de pintura.
Dos meses después sus restos fueron encontrados y en las investigaciones de los cuerpos policiales detectaron que el sobrino estaba utilizando el teléfono celular de la persona asesinada. En los interrogatorios “cantó” mejor que un Umpire y narró todos los innings de este macabro juego. Lo hicimos por que mi tía se quería quedar con todos los dólares y dejarnos por fuera a nosotros, fue la justificación que dio. Pensábamos, que el juego había terminado cuando enterramos los restos calcinados, pero en el extra-inning la policía nos descubrió por un error mental que cometí en el campo de juego al mantener activo el celular de mi tía. Ahora, nos tocará pasar más de treinta temporadas jugando banco en la cárcel.
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