De la "Generación de
Oro" a la "Generación Terminator"
Jesús Elorza
Mientras el mundo
civilizado se frota los ojos ante la noticia de que un robot humanoide de la
empresa china Honor acaba de pulverizar el récord mundial de media maratón en
Pekín (50 minutos y 26 segundos, para ser exactos), en los pasillos del
Ministerio del Deporte venezolano ha nacido una "brillante" idea. Al
parecer, ante la imposibilidad de ganar una medalla de bronce ni siquiera en un
torneo de metras parroquial, el régimen ha decidido que, si no podemos producir
atletas, podemos importarlos con puerto USB.
Atrás quedaron los días
de la rimbombante "Generación de Oro", ese eslogan que brillaba
tanto como el oro que sale por el Arco Minero pero que rinde tan poco como el
salario mínimo. Tras 13 años de haber suspendido los Juegos Deportivos
Nacionales (probablemente porque los atletas no tenían fuerza ni para saltar la
cuerda debido a la dieta revolucionaria), el régimen ha encontrado la solución
final en la solidaridad de los "camaradas chinos".
Fuentes cercanas a la
oficina de la Presidenta Encargada (esa que es tan auténtica como un
billete de tres bolívares) aseguran que ya se está redactando el convenio
"Aceite y Grasa por Petróleo". El plan es sencillo: sustituir a
nuestros desnutridos y maltratados atletas por un batallón de humanoides de
Honor.
¡Somos Potencia...
Electrónica!
No se extrañen si en los
próximos Juegos Bolivarianos vemos al Ministro del Deporte inscribiendo con
orgullo a "Juan Batería" o a "María Circuito"
en la prueba de los 100 metros planos. El discurso ya está listo:
"Gracias a la visión
estratégica del Comandante Eterno y a la tecnología soberana que nos envían los
hermanos de Pekín, hemos pasado de la Generación de Oro a la Generación
Terminator. ¡Ahora sí somos potencia!"
Imaginen la rueda de
prensa. La Presidenta Encargada, con su mejor traje de gala sintético, y el
Ministro, con una medalla de latón pintada de amarillo, presentarán al nuevo
equipo nacional. No habrá que preocuparse por viáticos, ni por pasaportes que
no llegan, ni por zapatos deportivos rotos. Solo hace falta un enchufe (si es
que Corpoelec no corta la luz) y un poco de WD-40 para que nuestros nuevos
"camaradas de metal" traigan las medallas que el talento humano,
asfixiado por la desidia, ya no puede dar.
El momento cumbre será la
despedida de la delegación hacia los Juegos Olímpicos. Parodiando al gran
Arnold Schwarzenegger, pero con ese acento criollo que solo la usurpación sabe
impostar, la dupla presidencial dirá a coro ante las cámaras de VTV: "We
came back".
Claro, el pequeño detalle
es que Arnold decía "I'll be back" porque era una máquina de
matar; estos lo dirán porque son máquinas de reciclar fracasos. Lo que no
aclaran es que, mientras los robots chinos corren a 20 kilómetros por hora, el
país sigue corriendo en sentido contrario, hacia el paleolítico.
Si el Comité Olímpico
Internacional prohíbe el dopaje por sustancias, ¿qué dirá del dopaje por
microchips? Probablemente el Fiscal General (el del "enroque") ya
esté preparando una ley para declarar que "el aceite de motor es un
derecho humano" y que cualquier crítica al rendimiento de los robots es un
acto de "odio cibernético".
Así que prepárense. Muy
pronto veremos a un humanoide de la empresa Honor recibiendo la Orden Francisco
de Miranda, mientras los verdaderos atletas venezolanos siguen cruzando la
selva del Darién a pie, sin sensores de movimiento, pero con un corazón que
ninguna empresa china podrá fabricar jamás.
¡Hasta la victoria de la
chatarra, siempre!
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