sábado, 25 de abril de 2026

 








De la "Generación de Oro" a la "Generación Terminator"

Jesús Elorza

Mientras el mundo civilizado se frota los ojos ante la noticia de que un robot humanoide de la empresa china Honor acaba de pulverizar el récord mundial de media maratón en Pekín (50 minutos y 26 segundos, para ser exactos), en los pasillos del Ministerio del Deporte venezolano ha nacido una "brillante" idea. Al parecer, ante la imposibilidad de ganar una medalla de bronce ni siquiera en un torneo de metras parroquial, el régimen ha decidido que, si no podemos producir atletas, podemos importarlos con puerto USB.

Atrás quedaron los días de la rimbombante "Generación de Oro", ese eslogan que brillaba tanto como el oro que sale por el Arco Minero pero que rinde tan poco como el salario mínimo. Tras 13 años de haber suspendido los Juegos Deportivos Nacionales (probablemente porque los atletas no tenían fuerza ni para saltar la cuerda debido a la dieta revolucionaria), el régimen ha encontrado la solución final en la solidaridad de los "camaradas chinos".

Fuentes cercanas a la oficina de la Presidenta Encargada (esa que es tan auténtica como un billete de tres bolívares) aseguran que ya se está redactando el convenio "Aceite y Grasa por Petróleo". El plan es sencillo: sustituir a nuestros desnutridos y maltratados atletas por un batallón de humanoides de Honor.

¡Somos Potencia... Electrónica!

No se extrañen si en los próximos Juegos Bolivarianos vemos al Ministro del Deporte inscribiendo con orgullo a "Juan Batería" o a "María Circuito" en la prueba de los 100 metros planos. El discurso ya está listo:

"Gracias a la visión estratégica del Comandante Eterno y a la tecnología soberana que nos envían los hermanos de Pekín, hemos pasado de la Generación de Oro a la Generación Terminator. ¡Ahora sí somos potencia!"

Imaginen la rueda de prensa. La Presidenta Encargada, con su mejor traje de gala sintético, y el Ministro, con una medalla de latón pintada de amarillo, presentarán al nuevo equipo nacional. No habrá que preocuparse por viáticos, ni por pasaportes que no llegan, ni por zapatos deportivos rotos. Solo hace falta un enchufe (si es que Corpoelec no corta la luz) y un poco de WD-40 para que nuestros nuevos "camaradas de metal" traigan las medallas que el talento humano, asfixiado por la desidia, ya no puede dar.

El momento cumbre será la despedida de la delegación hacia los Juegos Olímpicos. Parodiando al gran Arnold Schwarzenegger, pero con ese acento criollo que solo la usurpación sabe impostar, la dupla presidencial dirá a coro ante las cámaras de VTV: "We came back".

Claro, el pequeño detalle es que Arnold decía "I'll be back" porque era una máquina de matar; estos lo dirán porque son máquinas de reciclar fracasos. Lo que no aclaran es que, mientras los robots chinos corren a 20 kilómetros por hora, el país sigue corriendo en sentido contrario, hacia el paleolítico.

Si el Comité Olímpico Internacional prohíbe el dopaje por sustancias, ¿qué dirá del dopaje por microchips? Probablemente el Fiscal General (el del "enroque") ya esté preparando una ley para declarar que "el aceite de motor es un derecho humano" y que cualquier crítica al rendimiento de los robots es un acto de "odio cibernético".

Así que prepárense. Muy pronto veremos a un humanoide de la empresa Honor recibiendo la Orden Francisco de Miranda, mientras los verdaderos atletas venezolanos siguen cruzando la selva del Darién a pie, sin sensores de movimiento, pero con un corazón que ninguna empresa china podrá fabricar jamás.

¡Hasta la victoria de la chatarra, siempre!

 


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