jueves, 27 de agosto de 2026

 










CORPOELEC presenta la “Tarifa Oscura”: 

El revolucionario plan donde menos luz significa más factura.

Jesús Elorza

En un hito histórico para la física cuántica y la economía surrealista, la Corporación Eléctrica Nacional (CORPOELEC) ha logrado perfeccionar su producto estrella: La Nada Cuesta Plata. Tras un intensivo diplomado de 27 años en gestión del caos, la empresa estatal anunció el despliegue masivo del plan Tarifa Oscura, una modalidad tarifaria donde el ciudadano paga una penalización directamente proporcional a los electrodomésticos que el sistema le logre achicharrar.

En un recorrido por los vecindarios de la capital, conversé con los usuarios, quienes entre el calor sofocante y el llanto por la nevera ida a mejor vida, intentan descifrar el milagro bolivariano del ahorro energético forzoso.

El modelo Petronila: Ahorro por combustión espontánea

Doña Petronila, vecina insigne del barrio, se ha convertido sin querer en la ciudadana modelo del Ministerio de Energía Eléctrica. Su cocina se fundió en el bajón del martes, la nevera botó el gas el miércoles, el microondas pasó a mejor vida el jueves y el televisor quedó en un luto perpetuo de pantalla negra.

“Yo soy el ejemplo vivo que busca el gobierno: consumo cero vatios. Lo arrecho es que me llegó el recibo y ahora voy a pagar el doble. O sea, la luz apagada es más cara que la luz encendida. Ahorrar energía en este país es un lujo de millonarios”, denunció la señora mientras contemplaba el recibo impreso a contraluz.

Tendencias de moda e innovaciones tecnológicas

Las consecuencias de la Tarifa Oscura ya se sienten en la rutina y la estética de la comunidad:

  • El retorno del abanico colonial: La vecina Petrica pasea de arriba abajo batiendo un abanico con furia. En el barrio pensaban que andaba presumiendo aires de realeza española, pero la cruda realidad es que los tres ventiladores de su casa quedaron como chatarra espacial tras el último pestañeo eléctrico.
  • Smart-Home a la luz de las velas: Los estudiantes de la zona realizan sus tareas escolares en un ambiente que evoca a la Europa del siglo XIV. Micaela, madre de dos niños, observa entre la indignación y la impotencia cómo sus hijos redactan ensayos sobre la "potencia energética del país" alumbrándose con un cabo de vela que cuesta más que el salario mínimo.
  • Aislamiento sensorial: Don Juan, el abuelo del sector, confirmó que ha entrado en un estado de desconexión cibernética absoluta. Se le quemaron los bombillos, la radio dejó de emitir su último chispazo de estática y ahora vive en una penumbra pagada a precio de tarifa comercial internacional.

Fenómenos meteorológicos y fauna conspiradora

Consultados sobre los diagnósticos oficiales que justifican que la mitad del país viva en penumbras, los vecinos repasaron el nutrido catálogo de culpables presentado por el Estado en casi tres décadas de gestión:  A mí, lo que me saca la piedra, dijo Ramona, es que este gobierno de mierda, nos ve la cara de pendejos y siempre anda dando explicaciones balurdas sobre las causas de las fallas eléctricas: Iguanas, rabipelaos, conspiradores imperialistas (ahora sus panas), rayos ultravioletas, terremotos y ahora los efectos del Niño y la Niña que yo los bautice con el nombre de Jorge y Delcy.

Al cierre de este trabajo, las madres, abuelas y vecinos del sector coincidieron en una sola resolución técnica: el problema del sistema eléctrico no requiere cambiar transformadores, fusibles ni guayas. Requiere cambiar de gobierno. Tras 27 años de pruebas de laboratorio social, la conclusión del barrio es tajante y unánime: ¡Que se vayan!

 


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