CORPOELEC presenta la “Tarifa Oscura”:
El revolucionario plan donde menos luz
significa más factura.
Jesús Elorza
En un hito histórico para
la física cuántica y la economía surrealista, la Corporación Eléctrica Nacional
(CORPOELEC) ha logrado perfeccionar su producto estrella: La Nada Cuesta
Plata. Tras un intensivo diplomado de 27 años en gestión del caos, la
empresa estatal anunció el despliegue masivo del plan Tarifa Oscura, una modalidad tarifaria donde el ciudadano
paga una penalización directamente proporcional a los electrodomésticos que el
sistema le logre achicharrar.
En un recorrido por los
vecindarios de la capital, conversé con los usuarios, quienes entre el calor
sofocante y el llanto por la nevera ida a mejor vida, intentan descifrar el
milagro bolivariano del ahorro energético forzoso.
El modelo Petronila:
Ahorro por combustión espontánea
Doña Petronila, vecina
insigne del barrio, se ha convertido sin querer en la ciudadana modelo del
Ministerio de Energía Eléctrica. Su cocina se fundió en el bajón del martes, la
nevera botó el gas el miércoles, el microondas pasó a mejor vida el jueves y el
televisor quedó en un luto perpetuo de pantalla negra.
“Yo soy el ejemplo vivo
que busca el gobierno: consumo cero vatios. Lo arrecho es que me llegó el
recibo y ahora voy a pagar el doble. O sea, la luz apagada es más cara que la
luz encendida. Ahorrar energía en este país es un lujo de millonarios”,
denunció la señora mientras contemplaba el recibo impreso a contraluz.
Tendencias de moda e
innovaciones tecnológicas
Las consecuencias de la Tarifa
Oscura ya se sienten en la rutina y la estética de la comunidad:
- El retorno del abanico colonial:
La vecina Petrica pasea de arriba abajo batiendo un abanico con furia. En
el barrio pensaban que andaba presumiendo aires de realeza española, pero
la cruda realidad es que los tres ventiladores de su casa quedaron como
chatarra espacial tras el último pestañeo eléctrico.
- Smart-Home a la luz de las velas:
Los estudiantes de la zona realizan sus tareas escolares en un ambiente
que evoca a la Europa del siglo XIV. Micaela, madre de dos niños, observa
entre la indignación y la impotencia cómo sus hijos redactan ensayos sobre
la "potencia energética del país" alumbrándose con un cabo de
vela que cuesta más que el salario mínimo.
- Aislamiento sensorial:
Don Juan, el abuelo del sector, confirmó que ha entrado en un estado de
desconexión cibernética absoluta. Se le quemaron los bombillos, la radio
dejó de emitir su último chispazo de estática y ahora vive en una penumbra
pagada a precio de tarifa comercial internacional.
Fenómenos meteorológicos
y fauna conspiradora
Consultados sobre los
diagnósticos oficiales que justifican que la mitad del país viva en penumbras,
los vecinos repasaron el nutrido catálogo de culpables presentado por el Estado
en casi tres décadas de gestión: A mí, lo que me saca la piedra, dijo
Ramona, es que este gobierno de mierda, nos ve la cara de pendejos y siempre
anda dando explicaciones balurdas sobre las causas de las fallas eléctricas:
Iguanas, rabipelaos, conspiradores imperialistas (ahora sus panas), rayos
ultravioletas, terremotos y ahora los efectos del Niño y la Niña que yo los
bautice con el nombre de Jorge y Delcy.
Al cierre de este trabajo,
las madres, abuelas y vecinos del sector coincidieron en una sola resolución
técnica: el problema del sistema eléctrico no requiere cambiar transformadores,
fusibles ni guayas. Requiere cambiar de gobierno. Tras 27 años de pruebas de
laboratorio social, la conclusión del barrio es tajante y unánime: ¡Que se
vayan!
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