La ciencia del
«Eclipse Eléctrico»: El fenómeno donde la oscuridad dura 24 años y las iguanas
son culpables.
Jesús
Elorza
El estudio de la
astronomía ha fascinado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Planetas,
estrellas, cometas y, por supuesto, los espectaculares eclipses solares. Sin
embargo, en esta parte del mundo la ciencia cósmica ha quedado eclipsada —valga
la redundancia— por una variante mucho más cotidiana, dinámica e incomprensible
para la NASA: el Eclipse Eléctrico.
Todo comenzó cuando un
joven estudiante decidió explicarle a su hermano menor las maravillas del
cosmos a propósito de los anuncios astronómicos de agosto. Con la paciencia de
un catedrático, le detalló cómo la Luna se interpone exactamente entre la
Tierra y el Sol en fase de Luna nueva, alineándose en los célebres nodos
orbitales para proyectar su sombra sobre la superficie terrestre.
El pequeño, curioso,
interrumpió para indagar sobre las categorías astronómicas, a lo que el hermano
mayor desglosó el catálogo oficial:
- Eclipse total:
Cuando la Luna cubre por completo al Sol, el cielo se oscurece como si
fuera de noche, la temperatura desciende repentinamente y se hace visible
la hermosa corona solar.
- Eclipse parcial:
La Luna solo tapa un pedazo del astro rey, dejándolo con aspecto de media
luna o de «mordisco».
- Eclipse anular:
Ocurre cuando la Luna está en su apogeo (su punto más lejano), luciendo
más pequeña y dejando ver el famoso y fotogénico «anillo de fuego».
- Eclipse híbrido:
La variante más rara del universo, que pasa de anular a total según la
curvatura de la Tierra.
El hermano menor,
recordando los consejos de sus compañeros de colegio, preguntó alarmado sobre
el peligro de quedar ciego. El estudiante, tajante, le recordó la regla de oro:
jamás mirar al Sol directamente y usar siempre filtros certificados bajo la
norma internacional ISO 12312-2.
Cuando la conversación
derivó en la frecuencia de estos eventos —aclarando que no son tan raros, pues
ocurren entre dos y cinco veces al año en algún rincón del planeta—, la madre
de ambos, que escuchaba en silencio mientras intentaba soplar un fogón o buscar
un velón en la penumbra, decidió intervenir con autoridad pedagógica y
sociológica.
—En este país, muchachos,
la frecuencia de situaciones de oscuridad total no ocurre dos veces al año...
ocurre a diario desde hace un cuarto de siglo.
—Mamá... —intentó
frenarla el joven estudiante.
—Hijo, déjame terminar
—sentenció la señora con la sabiduría que solo da sobrevivir sin aire
acondicionado—. Lo que trato de explicarles es que los cortes de luz son la
versión criolla del fenómeno. Cuando ocurren de noche, quedamos en la penumbra
absoluta, pero con una ventaja astronómica: en frecuencia y duración le ganamos
por paliza al sistema solar.
—Mami, me parece que tú
estás hablando de un Eclipse Eléctrico —dedujo el pequeño.
—¡Así mismo es! —asintió
la madre—. Y su duración supera por un gran margen al solar. Este fenómeno
empezó inocentemente con tres horas diarias y ha ido evolucionando hacia fases
extremas de 5, 6 y hasta 8 horas por día. De hecho, en el argot popular la
empresa encargada del servicio ya fue rebautizada oficialmente como «Corpoeclipse».
Lo más fascinante de esta
rama de la «astronomía de estado» no es el fenómeno en sí, sino las complejas
teorías que la astrofísica gubernamental ha elaborado para explicar origen de
la crisis:
- Ataques de la fauna imperialista:
Iguanas entrenadas en la CIA con capacidad para sabotear subestaciones de
alta tensión.
- Terrorismo electromagnético:
Acometidas de la derecha neoliberal desde la cuarta dimensión.
- Factores climáticos extremos:
La radiación ultravioleta, los rayos solares y el destructivo paso del
fenómeno de El Niño (Jorge) y La Niña (Delcy).
Sin embargo, la madre
concluyó su cátedra desmintiendo los manuales oficiales de la corporación
eléctrica:
—Las causas reales de
esta crisis «eclipse-eléctrica» no están en el cosmos ni en la selva, hijos
míos. Son el resultado directo de más de dos décadas de ignorancia,
incompetencia y corrupción desmedida de quienes usurpan el poder.
El joven estudiante,
guardando sus libros de astronomía básica, no tuvo más remedio que reconocer la
superioridad del análisis materno:
—Gracias por tus
observaciones, mamá. Tu marco teórico político-social sobre la crisis eléctrica
acaba de dejar a la astronomía formal en absoluta tiniebla.
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