jueves, 7 de mayo de 2026

 










8 de mayo: Día del Entrenador Deportivo Venezolano.

De la gloria reivindicativa al desafío de la supervivencia

Jesús Elorza

El 8 de mayo no es una fecha de celebraciones vacías en el calendario venezolano. Es una fecha que nació de la lucha, del hambre como sacrificio y de la convicción de un gremio que, en 1975, decidió que el deporte no podía seguir creciendo a costa de la precariedad de sus trabajadores. Hoy, a 50 años de aquella gesta histórica, el entrenador venezolano se encuentra en una encrucijada donde la memoria del pasado es la única brújula para un futuro digno.

El Hito de 1975: Cuando el Silbato se Convirtió en Grito de Lucha

La historia marca la primera semana de mayo de 1975 como un punto de inflexión internacional. Por primera vez en el mundo, los trabajadores del deporte se declaraban en huelga nacional. No era solo un reclamo salarial; era una batalla por la dignidad profesional frente a un Instituto Nacional de Deportes (IND) que, desde su creación en 1949, les negaba derechos básicos.

El 8 de mayo de 1975 quedó institucionalizado como el Día del Entrenador Deportivo porque fue el día en que se alcanzó la victoria. Tras una semana de huelga de hambre, los entrenadores lograron conquistas que se convirtieron en referencia para el sindicalismo venezolano:

  • Contratación Colectiva: El reconocimiento del derecho a negociar condiciones con el patrono (IND).
  • Indexación Salarial: Una cláusula pionera que ajustaba los salarios anualmente según los índices inflacionarios del Banco Central de Venezuela.
  • Manual de Clasificación de Cargos: Se otorgó jerarquía y fisonomía propia al entrenador dentro de la administración pública.
  • Seguridad Social: La creación de cajas de ahorro con aportes bipartitos (12%) y el establecimiento de seguros HCM.

A diferencia de aquel 1975 donde se luchaba por progresar, hoy, en pleno 2026, el entrenador venezolano lucha por la subsistencia básica. Tras más de dos décadas de políticas que el gremio califica como autocráticas, el panorama laboral ha retrocedido a niveles críticos.

La realidad actual de los forjadores de talentos se resume en una sistemática política de desconocimiento de aquellos logros históricos:

  1. Parálisis Contractual: Los contratos colectivos han estado congelados por 27 años. No existe hoy un marco de relación laboral discutido y aprobado democráticamente con el IND.
  2. Discriminación y Desigualdad: El convenio con Cuba trajo al país a miles de colaboradores extranjeros bajo condiciones de privilegio. Mientras a los entrenadores nacionales se les remunera con bolívares devaluados y bonos sin incidencia prestacional, a los foráneos se les han asignado pagos en divisas, violando el principio de "a igual trabajo, igual salario".
  3. El Colapso de la Protección: Las coberturas de HCM son hoy simbólicas o inexistentes, dejando a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema ante enfermedades. Además, se denuncia la retención ilegal de los aportes a la Caja de Ahorros del IND (12% del trabajador y 12% patronal), cuyo destino es incierto.
  4. Salarios, jubilaciones y pensiones de hambre: La política de "bonificación" del salario ha destruido los pasivos laborales, las pensiones y las jubilaciones, convirtiendo el retiro de los entrenadores en una condena a la pobreza.

A 50 años de la huelga nacional, las palabras del dirigente Carlos Sánchez cobran una vigencia casi profética: «El entrenador deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por un deporte mejor y no doblegarse ante ningún burócrata... Solo la unidad gremial nos hará fuertes».

El 8 de mayo debe servir para recordar que los derechos no fueron un regalo, sino el resultado de la organización colectiva. Hoy, la infraestructura deportiva puede estar en ruinas y los salarios pulverizados, pero la semilla de la conciencia social sembrada en 1975 permanece viva. La historia del entrenador deportivo venezolano sigue abierta, y la lucha por un presente digno, tal como en aquella semana de mayo, continúa.

 


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