sábado, 27 de enero de 2024

 










Los nuevos amos

Jesús Elorza

Un grupo de jóvenes estudiantes de literatura de la Universidad Pedagógica conversaban sobre la narrativa reiterada de Nicolás Maduro de señalar, al igual que, el Difunto Eterno, a los “Amos del Valle” como la oligarquía responsable de la crisis que hoy se vive en el país. Si hacemos una revisión del origen de ese término nos encontramos que Los Amos del Valle es una novela de Francisco Herrera Luque (1979), en la que se narra la historia de Venezuela desde la conquista del Valle de Caracas hasta el bautizo de Simón Bolívar. El título de la obra hace referencia a las veinte familias mantuanas que regían Caracas desde el siglo XVII.

Aquellos que el pueblo llano llamó mantuanos, eran los miembros de una élite de familias poderosas de Caracas que dominaron la escena económica, social y política de Venezuela durante el período colonial, con protagonismo en el proceso de la Independencia y el surgimiento de la República. Los llamaran mantuanos por ser los únicos criollos en Santiago de León con derecho a portar largas y oscuras capas -o manto- como signo de legítima nobleza, por buscar ser tenidos o reconocidos -estos descendientes de los primeros pobladores conquistadores de Caracas- como “de sangre hidalga”, derecho que defendieron ante otros "de menor calidad" (como blancos de orilla, canarios, y pardos criollos).

El poderío mantuano era totalitario, englobaba todo lo que podía generar o sostener su fortuna o aumentar su alcance: Mantenían un control férreo del cabildo de su ciudad (Caracas), control de los cargos de la Real Hacienda, las dignidades eclesiásticas de la catedral, los grados y títulos militares. Su interés político se manifestaba siempre que era necesario, siendo que se sentían dueños naturales de la tierra y Provincia que sus pasados habían ganado a fuerza de conquistas.

El mantuano era terrateniente y esclavista, con posesión reiterada de múltiples haciendas de trapiche o trigo, hatos de ganado en los llanos, plantaciones de cacao, esclavos, indios y tierras, muchas tierras, aunque su principal ingreso provino siempre y fundamentalmente de la venta de su cacao a México, pues en aquel virreinato existía preferencia por el cacao de Caracas frente a otros cacaos competidores como el de Guayaquil. Algunos de estos mantuanos, los más ricos, fueron llamados los "Grandes Cacaos" por el constante flujo de plata amonedada que les producía este negocio.

En ese contexto de la novela de Herrera Luque, queda claramente definido el carácter totalitario, autocrático, corrupto, represivo y controlador social del mantuanismo y no hay parecido más igual con esa estructura que la de la revolución bolivariana del siglo XXI. Los mantuanos chavistas-maduristas representan una oligarquía cívico-militar, más militar que civil que, tiene el control político, económico, social y militar del país. Gobernaciones, alcaldías, asambleas legislativas, asamblea nacional, ministerios, empresas del estado y las fuerzas armadas están dirigidas por militares o civiles plenamente identificados con el régimen.  Y al igual que en la colonia reprimen con todas sus armas jurídicas y policiales la disidencia o protesta social.

Si uno de los rasgos de la modernidad es la heterogeneidad de las elites, ese paisaje ha sido aplanado por el chavismo-madurismo. Las cúpulas que se beneficiaron de los negocios con el gobierno, en torno de la Fuerza Armada o el Partido Socialista Unido de Venezuela, son las que están a flote y han establecido sus mecanismos para compartir el poder sin perderlo.

Los jóvenes, al final de su conversación, quedaron convencidos que este régimen, en sus 24 años en el poder, ha pasado a ser no solo los nuevos amos no del valle sino de Venezuela.  El país se parece más a la nación de feudos, hoy asociados a oscuros negocios bajo el ala del Estado, que el historiador Francisco Herrera Luque noveló como una nación fragmentada, cuya reconstrucción dependería del surgimiento de nuevas elites y nuevos relevos.


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