sábado, 10 de diciembre de 2016

EL CÓCTEL DE LA DUQUESA
Jesús Elorza

Para evitar entre los años 2011 y 2015, que la Política de Dopaje del Estado se conociera más allá de las fronteras rusas, en tiempos de una lucha global contra la utilización de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento físico de los atletas, en la que La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) tiene ojos en todos los países a través del Sistema ADAMS (Anti-Doping Administration & Management System), las autoridades deportivas y políticas necesitaban que ninguno de sus deportistas dieran positivo ni en competición ni durante los entrenamientos. Para ello, diseñaron dos sofisticados sistemas para evadir los controles de las agencias anti-dopaje.

Si la competición se desarrollaba en Rusia, como ocurrió con los Juegos de Invierno en Sochi 2014 o el Mundial de Atletismo de Moscú 2013, se usaba “El Cambiazo”, una técnica perfeccionada gracias a los técnicos de la FSB (Servicio Federal de Seguridad, la nueva KGB rusa), que pusieron a punto una herramienta a mitad de camino entre la ganzúa de un ladrón y el buril de un dentista, con tiras metálicas flexibles para poder introducirlas entre la rosca y el tapón de los frascos Bereg, el recipiente supuestamente inviolable en el que se conserva la orina, y también con la suficiente dureza para hacer saltar el tapón.

Con el sargento Blokhin al frente, el más hábil de sus soldados en la tarea, la FSB trabajó sin descanso en Sochi y Moscú para por las noches abrir frascos, tirar la orina sucia de sus deportistas, sustituirla por la limpia que tenían almacenada y volverlos a cerrar.

Cuando la competición tenía lugar en el extranjero, como los Juegos de Londres 2012, se trataba de llegar limpios. Para despistar a la AMA, el cerebro del laboratorio de Moscú, su director, Grigory Rodchenkov, el mismo que en mayo pasado empezó a contárselo todo al New York Times, puso a punto una técnica para detectar el Turinabol o T-BOL, el anabolizante que usaban desde siempre, y, al mismo tiempo, como un consumado barman ideó lo que bautizó como “El Cóctel de la Duquesa”, una mezcla de oxandrolona, metenolona y trembolona, tres anabolizantes con el mismo efecto que el Turinabol, pero con una ventana de detección mucho menor.

Antes de competir, los deportistas rusos se sometían a controles de lavado, para comprobar que habían eliminado todos los anabolizantes tomados en los entrenamientos. La estrategia sufrió, sin embargo, un revés: el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió reanalizar la orina de los rusos que compitieron en Pekín 2008 y en Londres 2012 usando la técnica de detección descubierta por Rodchenkov.

Decenas de medallistas rusos dieron positivo; los de Pekín porque no sabían lo que pasaría después, los de Londres porque, como síntoma de un caos y un individualismo que enfurecieron a Putin, decidieron seguir con el T-Bol por su cuenta y no pasarse al cóctel de la duquesa.

Los positivos de los controles fuera de competición los tapaban desde Moscú registrándoles en el ADAMS (el sistema informático de comunicación mundial de dopaje) directamente como negativos.

La tarea se complicó cuando en la AMA empezaron a sospechar y solicitaron a Moscú que enviara regularmente muestras para que se reanalizaran en el laboratorio de Lausana. Pusieron en marcha entonces el sistema de cambiazo, lo que fue arduo.

Al principio solo podían abrir el frasco Bereg A, el del análisis, pero no el B, el del contraanálisis, lo que obligó a los técnicos a tratar las orinas como si fueran vinos casi. Usaban granos de Nescafé para dar al líquido del frasco A, la orina limpia, el color que tuviera el B, la sucia. Cuando pudieron abrir el B, la AMA exigía ya el pasaporte esteroideo, por lo que necesitaron mezclar orinas de diferentes deportistas para obtener los mismo valores de testosterona endógena. Y siempre tenían que usar el salero o agua para aumentar o reducir la gravedad relativa en la orina sustituta que tuviera la original, valor reflejado en el formulario del control.

En esta trama, de conspiración institucional para el dopaje, según el Profesor Richard Mc Laren, catedrático de Derecho y abogado canadiense Richard McLaren encargado por la AMA de investigar este caso, quedó al descubierto que más de 1.000 deportistas olímpicos rusos se beneficiaron de las manipulaciones para esconder sus análisis positivos de dopaje.

En su informe final detalla cómo el 100 % de las muestras aleatorias mostraban señales de haber sido manipuladas, más concretamente, que la botellas usadas para las muestras de orina —supuestamente imposibles de manipular— había sido arañadas, lo cual indicaba que sus sellos habían sido rotos y su contenido sustituido por orina limpia.

Ahora, todo el mundo se pregunta, si Thomas Bach, actual Presidente del Comité Olímpico Internacional seguirá con su cobarde y cómplice actitud frente al régimen ruso y su dopaje como Política de Estado.


          

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