¡Ábrete, Sésamo!
Una versión 'actualizada' de Alí
Babá para no dormir
Jesús Elorza
Era una noche como cualquier otra en la República
Bolivariana del Insomnio. El papá de Jaimito, con la paciencia de un santo (o
de alguien que lleva 20 años haciendo cola), intentaba dormir a su retoño con
un clásico: «Alí Babá y los cuarenta ladrones». Ya saben, la historia
del leñador humilde, la cueva mágica, el hermano codicioso y la esclava astuta.
Un cuento árabe de Las mil y una noches, perfecto para... bueno, para
dormir a cualquiera que no viva en Venezuela.
Pero Jaimito, que de tonto no tiene un pelo y que
probablemente ve más noticias que caricaturas, tenía los ojos como dos platos.
"¿Ali Babá, papá? ¡Eso ya no asusta a nadie! Cuéntame uno de verdad, uno
que se parezca a lo que pasa aquí desde el 3 de enero".
El padre, tragando saliva y pensando en cómo explicar
la hiperinflación con metáforas de tesoros, aceptó el reto. "Está bien,
hijo. Prepárate para la versión 2.0: 'Las cuatro mil quinientas noches (y
contando)'".
"Érase una vez, en un país muy, muy lejano
(bueno, no tanto), un gobernante llamado Áli-Mad-Uro. Este señor llevaba
26 años en el poder, de los cuales los últimos 13 se los había pasado
'gobernando' a pesar de haber perdido las elecciones de forma aplastante. Pero
claro, como en este cuento la magia es diferente, ¡pum! Ganó gracias a unos
resultados electorales anotados en una servilleta de cafetería".
"Áli-Mad-Uro, que había heredado el trono de su
'Comandante Eterno' en una sucesión más monárquica que la de la Reina Isabel
II, tenía el control absoluto de la Gran Cueva del Tesoro. Y no era
cualquier cueva, ¡qué va! Ahí adentro había de todo: petróleo a borbotones,
minas de oro, diamantes, coltán, uranio, y hasta unas 'tierras raras' que
suenan a nombre de banda de rock, pero que valen un dineral. Ah, y por
supuesto, la joya de la corona: el negocio multimillonario del 'polvito mágico'
que no es precisamente para hornear pasteles".
El Reparto del Botín y el 'Ábrete Sésamo'
Corporativo
"Para manejar semejante emporio, Áli tenía a su
mano derecha (y a veces la izquierda, y las dos piernas), el inefable Cassim-Cabello.
Este personaje se encargaba de la 'seguridad' de la cueva, dirigiendo a las
milicias, los colectivos, las comunas y cualquier grupo con ganas de 'defender
la patria' (y llevarse su tajada). La contraseña para entrar y salir de la
cueva, 'Ábrete Sésamo' y 'Ciérrate Sésamo', la usaban más que la puerta
giratoria de un banco. Entraban, sacaban billones de dólares de los negocios
turbios y de los impuestos de los pobres ciudadanos, y luego usaban una
partecita para comprar las famosas bolsas CLAP, que a veces traían más
gorgojos que arroz, pero bueno, algo es algo".
"El control era total: alcaldías, gobernaciones,
ministerios... todo era propiedad privada del 'Reinado de Áli y Cassim'. ¡Una
maravilla de la eficiencia... para sus bolsillos!".
El Giro de Guion: ¡Sálvese Quien Pueda!
"Pero, querido Jaimito, hasta en los cuentos de
ladrones hay traiciones. Resulta que el 28 de julio de 2024, Ali se quitó la
careta de 'presidente democrático' y dijo: '¡A la porra, soy dictador y
punto!'. Y ahí fue cuando la cosa se puso interesante. Dentro de su propio
reinado, se armó una conspiración liderada por dos personajes de cuidado: la
siniestra Morgina Ramírez y su hermano, Mustafá-el-mercader.
Estos dos, que de tontos no tenían nada, vieron que el barco se hundía y
decidieron que era mejor negociar con el 'enemigo' antes de ahogarse".
"Y llegó el día que nadie esperaba (o que todos
esperaban, depende a quién le preguntes). El malvado 'Imperio Norteamericano'
ordenó la captura y extradición de Áli-Mad-Uro. ¿Y qué hicieron Morgina y
Mustafá? ¡Pues lo que haría cualquier buen villano de opereta! Entregaron a Áli
en bandeja de plata a cambio de inmunidad para ellos y su combo. Y para demostrar
su nueva 'lealtad', cambiaron la consigna revolucionaria de un día para
otro":
¡De "YANKEE GO HOME" pasaron a
"YANKEE, ¡BIENVENIDO A TU CASA, MI PANA!"!
Moraleja: El Cuento de Nunca Acabar
"Y así, hijo mío, esta historia no tiene fin.
Todavía estamos esperando que reconozcan al presidente que sí ganó el 28 de
julio, que liberen a los presos políticos (que son más que los ladrones de la
cueva), que arreglen los hospitales, las escuelas, que haya comida de verdad y
que los trabajadores ganen un sueldo decente".
El padre terminó el cuento, agotado de tanta
"magia". Jaimito, con los ojos más abiertos que nunca, se quedó
pensando un momento y soltó la frase lapidaria:
"Gracias, papá. Ahora entiendo por qué mis amigos
dicen que 'Se llevaron a Alí, pero dejaron a los 40 ladrones... y ahora son
panas del Imperio'".
Y colorín colorado, este cuento... lamentablemente, no
se ha acabado. ¡A dormir, Jaimito, que mañana hay que hacer cola para la
gasolina!
No hay comentarios:
Publicar un comentario