domingo, 6 de octubre de 2019

La Matanza Olímpica de Tlatelolco

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LA MATANZA OLÍMPICA DE TLATELOLCO
Jesús Elorza
Los Juegos Olímpicos de México se inauguraron con un vuelo de pichones de la paz, el 12 de octubre de 1968. Lo hizo el presidente Gustavo Díaz Ordaz “con una sonrisa de satisfacción tan amplia como su hocico sangriento”, escribió en aquel momento Carlos Fuentes. El novelista se refiere con su mención a la sangre a la matanza de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, apenas diez días antes (2 de octubre), en la que centenares, quizá miles de personas (51 años después todavía no hay cifras oficiales) fueron ametralladas, detenidas o desaparecieron bajo la acción de la policía y el ejército mexicano. Para la historia ha quedado esa masacre mucho más que los propios Juegos Olímpicos.
En aquel momento, los estudiantes universitarios del Distrito Federal seguían la senda de las movilizaciones que estaban teniendo lugar ese año en otras muchas partes del planeta (El Mayo Frances, Checoslovaquia, El Black Power en Estados Unidos, Italia, etcétera). Habían comenzado a moverse desde el mes de julio, y entre sus manifestaciones destacaban, entre otras, la de las antorchas o la “marcha del silencio”, ambas en septiembre, en reivindicación de las libertades y de mayor democracia, en un país cuyo régimen era calificado por escritores como Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta”.
El 2 de octubre de 1968, ha sido una fecha que no sólo sacudió a la Ciudad de México, sino a gran parte del país y del mundo, ya que en vísperas de que se celebrara los Juego Olímpicos de verano, se suscitó una desgracia que marcaría a la política y sociedad mexicana e, incluso, la justa olímpica: un gran número de estudiantes fueron asesinados durante un mitin celebrado en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Ese día miles de estudiantes fueron atacados y detenidos por un grupo militar llamado “Batallón Olimpia”, la prensa nacional al siguiente día aseguró que se trataba de un acto de terrorismo por parte de los alumnos para frustrar la justa olímpica; las reacciones internacionales se hicieron notar tras las consecuencias que esto podría traer al evento deportivo.
El escritor Carlos Monsivais señaló en su momento que “Jamás se sabrá el número de muertos. Tal vez 250, quizá 350, las hipótesis carecen de sentido, pero las fotos de cadáveres acumulados en una sola delegación sí multiplican las conjeturas (...) Mueren niños, jóvenes, mujeres, ancianos, todo en medio de demandas de auxilio y del grito coral ‘¡Batallón Olimpia, no disparen!’. Los policías y soldados destruyen puestos y muebles de los departamentos y a los detenidos (...) se les desnuda, ata y golpea; se traslada a 2.000 personas de la Plaza de las Tres Culturas a las cárceles
Después de media hora interminable cesa el fuego. Los policías y soldados registran a los detenidos, los cadáveres se amontonan en la plaza. El secretario de Defensa, general Marcelino García Barragán —uno de los nombres de la infamia—, declaró: “El ejército intervino en Tlatelolco a petición de la policía para sofocar un tiroteo entre dos grupos de estudiantes (...) Hay militares y estudiantes muertos y heridos”. Y advierte: “Si aparecen más brotes de agitación actuaremos de la misma forma”.
La severa censura aplicada por el régimen se encargó de ocultar lo sucedido a la población mexicana. Diez días después, en ese sangriento ambiente, se inauguran los primeros Juegos Olímpicos celebrados en un país latinoamericano y también los primeros en un país del Tercer Mundo. 
Resultado de imagen para la matanza de tlatelolco y los juegos olímpicos 68Avery Brundage, presidente del Comité Olímpico Internacional con un comportamiento similar al utilizado para justificar los juegos en la Alemania Nazi de Adolfo Hitler, declaraba que, "la Ciudad de México es una enorme metrópoli de seis millones de habitantes y ninguna de las demostraciones o escenas de violencia producidas aquí, en momento alguno han estado en contra de los Juegos Olímpicos". Los Juegos no se suspendían….el show debe continuar.
El 12 de octubre, como estaba previsto, se llevó a cabo la inauguración de la edición décima novena de los Juegos Olímpicos. De manera simultánea y contradictoria, dos tendencias sociales confluyen  de manera asombrosa en un mismo escenario: uno que festejaba ser la primera sede latinoamericana de una Olimpiada y tiraba la casa por la ventana para presentar al país en sociedad y otro, un país con un gobierno autoritario, represor, asesino y violador de los Derechos Humanos al que se enfrentaron los jóvenes del movimiento estudiantil popular.
A 51 años del sangriento acontecimiento, todavía el mundo entero sigue esperando que la justicia determine las responsabilidades de los ejecutores intelectuales y materiales de la Matanza Olímpica de Tlatelolco

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