viernes, 4 de octubre de 2019

El Maratón de la Muerte


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EL MARATÓN DE LA MUERTE
Jesús Elorza
Todas las personas que transitaban por La Corniche, el paseo marítimo de Doha Qatar, se preguntaban ¿Cuáles fueron las razones de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF por sus siglas en ingles) para aprobar la realización del Maratón   Femenino en el mundial de atletismo en una zona como esta, con tan altas temperaturas?
Las autoridades deportivas guardaban un silencio absoluto ante este hecho. Por el contrario, sentados en sus sillones de cuero al lado de los Jeques y Reyes en palcos con aire acondicionado disfrutaban del espectáculo.
Sin embargo, las condiciones climáticas hacían presagiar que el evento iba a estar plagado de dificultades: 32º.7 grados centígrados de temperatura, con 40º grados de sensación térmica en el asfalto y más de 73% de humedad. Un maratón de 42 kilómetros y 195 metros realizado en esas condiciones era, sin lugar a dudas, un acto contrario a la salud y el deporte.
La IAAF, no le prestó la más mínima atención a las recomendaciones del American College of Sports Medicine que fija en 28 WBGT (Wet Bulb Globe Temperature, temperatura combinada con humedad) el índice límite para prohibir el ejercicio continuo, un tope que habría impedido organizar las pruebas de ruta del Mundial en Doha. Oficialmente, el maratón femenino del viernes a medianoche se disputó con un índice WBGT de 29,5 (temperatura del aire, 32,7 grados; humedad, 73,3%). …
Los negativos resultados, por muchos anunciados y denunciados, no se hicieron esperar: Comenzaron la prueba 68 atletas. La terminaron 40. Nunca había habido tantos abandonos. Dos competidoras terminaron en el hospital. Muchas otras sufrieron desfallecimientos en plena carrera. Decenas fueron asistidas en la carpa médica nada más cruzar la meta. La 40ª clasificada, la costarricense Gabriela Traña, llegó 47 minutos más tarde que la ganadora.
Frente a este anunciado desastre, el presidente de la IAAF, Sebastian Coe y sus medios de comunicación, evitaron que fuesen publicadas las imágenes de los atletas desfallecidos y solo se limitaron a presentar a aquellas atletas que hablaran en términos positivos de la prueba. Como fue el caso de Ruth Chepngetich, la keniana de 25 años que ganó la prueba, cruzando sonriente la meta, y unas frases: “Me siento muy bien. Estoy feliz y doy gracias a Dios. ¿Las condiciones de la maratón? No fueron malas para mí”. Sin embargo, evaden las razones por las que Chepngetich ganara con 2h 32m 43s, ¡¡¡un tiempo 15 minutos más lento que su mejor marca personal (2h 17m 8s)!!! la tercera de la historia, conseguida en enero en la vecina Dubái.
También, evadieron a toda costa presentar las declaraciones de la quinta clasificada, la atleta bielorrusa Volha Mazuronak, quien, de manera  lapidaria, resumió las condiciones que rodearon la prueba: “La humedad mata. No hay aire para respirar. Pensé que no terminaría. Ha sido una falta de respeto para las deportistas. Un puñado de dirigentes se reunieron y decidieron traer aquí los campeonatos, pero ellos están sentados con aire acondicionado y seguro que ahora están ya dormidos”

No sería, nada extraño, que los jerarcas de la IAAF, si el negocio le resultara altamente rentable como el Mundial de Doha, que el próximo Maratón de la Muerte se haga en el Desierto de Sahara o en Maracaibo ¡¡¡en horas del mediodía!!! …Sebastian Coe, se te olvido que fuiste un atleta. Ahora no corres la milla, sino detrás de los mi…llones.

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