La historia vuelve a repetirse
Jesús Elorza
En el último suspiro de
cada diciembre, la humanidad suele bañarse en un optimismo casi biológico. Sin
embargo, en Venezuela, ese encuentro anual entre familiares y amigos se ha
convertido en un ejercicio de equilibrismo mental: ¿cómo brindar por el futuro
cuando el pasado se empeña en mudarse al año nuevo con todas sus maletas?
La crisis que hoy vivimos
no es una "gripe pasajera" del 2025; es una patología crónica
acumulada durante 26 años de una gestión que parece haber confundido el
desarrollo nacional con un manual de demolición controlada.
El año que se va, fiel a
la tradición instaurada desde 1999, nos deja una herencia que nadie pidió pero
que todos pagamos. Alcanzamos la inflación más alta de nuestra historia y,
probablemente, del sistema solar. La pobreza ha decidido mudarse
definitivamente a nuestras casas, ubicándose por encima del 85% de la
población, con un 65% en pobreza extrema.
"Debemos reconocerle
algo al régimen: su innegable éxito en la democratización del hambre. Ya no hay
distinciones de clase para la desnutrición. Han logrado que el venezolano
promedio desarrolle la habilidad evolutiva de alimentarse una sola vez al día,
ahorrándonos así el tedioso tiempo de lavar platos y cubiertos. Es, sin duda,
un plan de austeridad orgánica que ni el FMI se habría atrevido a soñar."
La inseguridad, por su
parte, se ha vuelto tan cotidiana que ya no sabemos si el que nos quita el
celular lleva uniforme o simplemente tiene mal gusto para vestir. Mientras tanto,
los hospitales públicos se han transformado en museos de la medicina antigua:
están allí para que los miremos, pero no para que nos curen, a menos que el
paciente tenga la gentileza de traer sus propias gasas, bisturíes y, si no es
mucha molestia, un generador eléctrico portátil.
Las cifras de la Encuesta
ENCOVI son desgarradoras. Solo en el último año, 500 mil niños
abandonaron el sistema escolar. El empleo se redujo en 1,3 millones de puestos
de trabajo, lo cual no es de extrañar si consideramos que en Venezuela trabajar
se ha convertido en un hobby costoso: sale más caro el pasaje para ir a la
oficina que el sueldo que se recibe al llegar.
"El concepto de
'empleo vulnerable' ha alcanzado niveles poéticos. El 20% de la población ha
descubierto que es mejor quedarse en casa viendo el techo que salir a trabajar
por una remuneración que no alcanza ni para comprar el café que te mantiene
despierto en la jornada. Es el triunfo del 'ocio forzado sobre el sudor
inútil'. Además, gracias a la gestión gubernamental, nuestra esperanza de vida
ha caído 6.4 años, permitiéndonos así ahorrarle al Estado el pago de varias
décadas de pensiones de hambre. ¡Eficiencia pura!"
Con más de 8 millones
de venezolanos fuera del país y una natalidad en picada porque las
potenciales madres prefieren dar a luz en cualquier lugar que no exija una fe
ciega en los milagros, somos, literalmente, menos venezolanos y más viejos.
Es por esto que, en las
primeras horas del año nuevo, el bolero de Felipe Pírela suena con una
precisión aterradora: "La historia vuelve a repetirse...".
Desde 1999, el mensaje oficial ha sido claro: el Año Viejo no se va, solo se
cambia de ropa.
"Escuchamos a las
autoridades cantar con alegría: 'Yo no olvido al año viejo / porque me ha
dejado cosas muy buenas'. Y tienen razón: al régimen el año viejo le ha dejado
villas, yates, cuentas en paraísos fiscales y una impunidad que brilla más que
los fuegos artificiales de la base de La Carlota. Para ellos, el tiempo no
pasa, solo se acumula en el Banco Central."
Sin embargo, al sonar las
doce campanadas, el sarcasmo de las autoridades se detiene para dar paso
a la única convicción que nos mantiene en pie. Por encima de las dificultades y
de la "historia que se repite", la unión de los venezolanos es la
única fuerza capaz de romper este bucle temporal.
El camino hacia la Democracia
y la Libertad no es un deseo de año nuevo, es un plan de acción. El 2026 no
puede ser el año 27 de la misma tragedia; debe ser el primer año de la
reconstrucción. Si la historia vuelve a repetirse, nuestra resistencia debe
evolucionar. No somos cómplices del silencio, somos los arquitectos del cambio.
La lucha continúa.
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