¿Cuál es la mona?
Jesús Elorza
Si usted pensaba que la
Revolución del Siglo XXI ya había alcanzado el clímax de su surrealismo, es
porque no ha escuchado la última rabieta en el cuartel del casi extinto PSUV.
Olviden el bloqueo, olviden el dólar; el nuevo villano de la patria es un "pintorcito
de brocha gorda" llamado Leonardo da Vinci.
Todo comenzó cuando los
Comandantes Jorge y Diosdado, en un ataque de furia creativa, decidieron que el
arte renacentista es, en realidad, un manual de racismo del siglo XVI. Según la
vanguardia intelectual del proceso, Da Vinci no era más que un agente de la
ultraderecha florentina enviado para insultar a nuestra Presidenta Encargada a
través de un túnel del tiempo.
—“¡Ese Vinci es un
racista de mierda!”— gritaban los líderes, mientras los milicianos se rascaban
la cabeza tratando de recordar si ese tal Leonardo era el que vendía los panes
de jamón en la esquina o si era un primo lejano de algún "enchufado".
El Miliciano que sabía
demasiado
La tragedia (o la
comedia, según se mire) estalló cuando un miliciano "rebelde", de
esos que todavía cometen el pecado de estudiar, intentó poner orden en el
desierto neuronal de sus jefes. Con la ingenuidad de quien cree que la lógica
tiene espacio en una asamblea de cuadros, el joven explicó que Da Vinci no
pintaba paredes, sino que era un polímata (persona con amplios conocimientos en
diversas disciplinas científicas o humanísticas).
—“Camarada Jorge,
Leonardo era pintor, anatomista, ingeniero... y su obra se llama La Gioconda”—
balbuceó el muchacho.
Pero Jorge, graduado con
honores en la Universidad del Grito y la Retaliación, no se dejó amilanar por
"datos" o "historia". Para la cúpula, llamar a alguien "Mona
Lisa" es un acto de agresión zoológica. En su mente, Da Vinci omitió
el apellido Gherardini para que, quinientos años después, un tal Baute pudiera
usarlo como insulto racial. ¡Una conspiración transgeneracional!
De Florencia al Helicoide
El desenlace fue el
esperado en este óleo sobre tragedia. El miliciano, por el "delito"
de saber usar Wikipedia y entender que Mona en italiano antiguo
significa Señora (Madona) y no un primate del Amazonas, fue degradado a
contrarrevolucionario.
El nuevo Fiscal General,
siempre listo para aplicar la Ley contra el Odio a cualquiera que tenga
más de dos neuronas conectadas, ya prepara el expediente: “Crimen de Lesa
Majestad Artística y Racismo Renacentista”. Se rumorea que Da Vinci será
citado a declarar post-mórtem, y de no presentarse, se le incautarán los
pinceles.
La Gran Pregunta
Mientras tanto, en los
pasillos de la milicia, el miedo ha sido reemplazado por la curiosidad
iconográfica. Los camaradas, ahora en silencio cómplice, comparan dos fotos
bajo la luz de una vela (cortesía de Corpoelec): una de la Gioconda de
Da Vinci y otra de la Presidenta Encargada.
El letrero que circula
por debajo de la mesa es el resumen perfecto de esta farsa institucional:
“¿Cuál es La Mona…?”
Al parecer, el sfumato
de Leonardo solo sirvió para difuminar la frontera entre el gobierno y una
caricatura de mal gusto. La sonrisa de la Lisa sigue siendo un misterio, pero
la carcajada del país ante sus gobernantes ya se escucha hasta en el Museo de
Louvre.
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