miércoles, 22 de abril de 2026

 








¿Cuál es la mona?

Jesús Elorza

Si usted pensaba que la Revolución del Siglo XXI ya había alcanzado el clímax de su surrealismo, es porque no ha escuchado la última rabieta en el cuartel del casi extinto PSUV. Olviden el bloqueo, olviden el dólar; el nuevo villano de la patria es un "pintorcito de brocha gorda" llamado Leonardo da Vinci.

Todo comenzó cuando los Comandantes Jorge y Diosdado, en un ataque de furia creativa, decidieron que el arte renacentista es, en realidad, un manual de racismo del siglo XVI. Según la vanguardia intelectual del proceso, Da Vinci no era más que un agente de la ultraderecha florentina enviado para insultar a nuestra Presidenta Encargada a través de un túnel del tiempo.

“¡Ese Vinci es un racista de mierda!”— gritaban los líderes, mientras los milicianos se rascaban la cabeza tratando de recordar si ese tal Leonardo era el que vendía los panes de jamón en la esquina o si era un primo lejano de algún "enchufado".

El Miliciano que sabía demasiado

La tragedia (o la comedia, según se mire) estalló cuando un miliciano "rebelde", de esos que todavía cometen el pecado de estudiar, intentó poner orden en el desierto neuronal de sus jefes. Con la ingenuidad de quien cree que la lógica tiene espacio en una asamblea de cuadros, el joven explicó que Da Vinci no pintaba paredes, sino que era un polímata (persona con amplios conocimientos en diversas disciplinas científicas o humanísticas).

“Camarada Jorge, Leonardo era pintor, anatomista, ingeniero... y su obra se llama La Gioconda”— balbuceó el muchacho.

Pero Jorge, graduado con honores en la Universidad del Grito y la Retaliación, no se dejó amilanar por "datos" o "historia". Para la cúpula, llamar a alguien "Mona Lisa" es un acto de agresión zoológica. En su mente, Da Vinci omitió el apellido Gherardini para que, quinientos años después, un tal Baute pudiera usarlo como insulto racial. ¡Una conspiración transgeneracional!

De Florencia al Helicoide

El desenlace fue el esperado en este óleo sobre tragedia. El miliciano, por el "delito" de saber usar Wikipedia y entender que Mona en italiano antiguo significa Señora (Madona) y no un primate del Amazonas, fue degradado a contrarrevolucionario.

El nuevo Fiscal General, siempre listo para aplicar la Ley contra el Odio a cualquiera que tenga más de dos neuronas conectadas, ya prepara el expediente: “Crimen de Lesa Majestad Artística y Racismo Renacentista”. Se rumorea que Da Vinci será citado a declarar post-mórtem, y de no presentarse, se le incautarán los pinceles.

La Gran Pregunta

Mientras tanto, en los pasillos de la milicia, el miedo ha sido reemplazado por la curiosidad iconográfica. Los camaradas, ahora en silencio cómplice, comparan dos fotos bajo la luz de una vela (cortesía de Corpoelec): una de la Gioconda de Da Vinci y otra de la Presidenta Encargada.

El letrero que circula por debajo de la mesa es el resumen perfecto de esta farsa institucional:

“¿Cuál es La Mona…?”

Al parecer, el sfumato de Leonardo solo sirvió para difuminar la frontera entre el gobierno y una caricatura de mal gusto. La sonrisa de la Lisa sigue siendo un misterio, pero la carcajada del país ante sus gobernantes ya se escucha hasta en el Museo de Louvre.

 

 

 

 

 

 


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