El 19 de abril:
Hacia una Segunda Independencia Definitiva
Jesús
Elorza
El 19 de abril de 1810 no
fue simplemente un acto protocolario en un cabildo; fue el estallido de la
voluntad soberana de un pueblo que decidió que no podía seguir siendo tutelado
por poderes ajenos a sus intereses. Hoy, 216 años después, Venezuela se encuentra
en una encrucijada histórica que guarda paralelismos asombrosos con aquel
momento. Atravesamos una crisis humanitaria compleja que ha devastado el
tejido social durante más de un cuarto de siglo, y nos enfrentamos a la
necesidad imperiosa de dar un "nuevo primer paso" hacia nuestra
independencia definitiva.
La independencia del
siglo XXI no es contra una corona extranjera, sino contra un modelo de gestión
usurpador e ilegítimo que ha secuestrado las instituciones. Este régimen, que
ha desmantelado el aparato productivo; que en combinación con el sector
empresarial pretende desconocer los derechos laborales de los trabajadores y ha
forzado el mayor éxodo de nuestra historia; pretende perpetuarse bajo la tutela
del protectorado norteamericano. Es imperativo desplazar definitivamente
de las estructuras de poder a quienes han convertido la administración pública
en un botín personal, ignorando el mandato constitucional y la voluntad
popular.
Debemos ser enfáticos: no
existe protectorado, ni de potencias extranjeras ni de intereses geopolíticos
ajenos, que deba estar por encima de la autodeterminación del venezolano. El
argumento de que "no estamos en capacidad de superar al
chavismo-madurismo" es una falacia sin fundamento alguno. El pueblo
venezolano ha demostrado, en cada espacio de lucha y resistencia, que posee la
madurez política y la fuerza moral para retomar las riendas de su destino. Allí
están los resultados electorales del 28 de julio 2024 que fueron desconocidos
por el régimen usurpador. Debemos tener la firmeza democrática para señalar
que, la soberanía reside en el pueblo, y es ese pueblo el que debe dictar el
fin de este ciclo de oscuridad.
La nueva independencia no
se construye con retórica, sino con votos y legitimidad. El tránsito hacia la
reconstrucción nacional debe pasar, en el menor tiempo posible, por la
convocatoria a una elección presidencial, tal como lo establece nuestra
Carta Magna. Transcurrido el periodo de 90 días de ausencia temporal del
presidente usurpador la Asamblea Nacional debe declarar la ausencia absoluta y
convocar a elecciones lo que debería ocurrir el próximo 3 de julio. Sin
embargo, para que este proceso sea el verdadero motor de cambio y no una farsa
más del régimen, es indispensable restaurar la confianza en el sistema.
La ruta hacia una
elección libre y justa requiere condiciones innegociables:
- Un nuevo CNE:
Integrado por rectores imparciales, técnicos y honorables, ajenos a la
militancia partidista.
- Legitimación de los Partidos:
Devolver las siglas y las sedes a sus legítimos liderazgos, eliminando las
intervenciones judiciales que han pretendido fragmentar a la oposición.
- Nuevo Registro Electoral:
Una depuración y actualización exhaustiva que incluya a los jóvenes que
han alcanzado la mayoría de edad.
- Voto en el Exterior:
Garantizar el derecho humano y constitucional de votar a los millones de
venezolanos que se encuentran fuera del país, quienes siguen siendo parte
esencial de nuestra nación.
- Observación Internacional:
Una auditoría y acompañamiento técnico integral de organismos
internacionales que certifiquen la transparencia del proceso ante el
mundo.
Aquel 19 de abril, el
"¡No!" que resonó desde el balcón del ayuntamiento cambió nuestra
historia para siempre. Hoy, el llamado es similar. Necesitamos la unión de
todos los sectores de la sociedad civil, las organizaciones gremiales,
sindicales y los ciudadanos de a pie para exigir el cumplimiento de la
Constitución.
Superar la crisis
humanitaria y recuperar la dignidad nacional pasa por entender que la independencia
no es un hecho estático del pasado, sino una conquista diaria. Venezuela está
lista para superar el lastre del autoritarismo y la usurpación y entrar en una
era de reconstrucción económica y democrática. El momento es ahora; la historia
nos convoca a ser, nuevamente, dueños de nuestro propio destino.
Estamos comprometidos con la democracia,
la libertad y el futuro de Venezuela
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