viernes, 17 de abril de 2026

 








                      El 19 de abril:

Hacia una Segunda Independencia Definitiva

Jesús Elorza

El 19 de abril de 1810 no fue simplemente un acto protocolario en un cabildo; fue el estallido de la voluntad soberana de un pueblo que decidió que no podía seguir siendo tutelado por poderes ajenos a sus intereses. Hoy, 216 años después, Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica que guarda paralelismos asombrosos con aquel momento. Atravesamos una crisis humanitaria compleja que ha devastado el tejido social durante más de un cuarto de siglo, y nos enfrentamos a la necesidad imperiosa de dar un "nuevo primer paso" hacia nuestra independencia definitiva.

La independencia del siglo XXI no es contra una corona extranjera, sino contra un modelo de gestión usurpador e ilegítimo que ha secuestrado las instituciones. Este régimen, que ha desmantelado el aparato productivo; que en combinación con el sector empresarial pretende desconocer los derechos laborales de los trabajadores y ha forzado el mayor éxodo de nuestra historia; pretende perpetuarse bajo la tutela del protectorado norteamericano. Es imperativo desplazar definitivamente de las estructuras de poder a quienes han convertido la administración pública en un botín personal, ignorando el mandato constitucional y la voluntad popular.

Debemos ser enfáticos: no existe protectorado, ni de potencias extranjeras ni de intereses geopolíticos ajenos, que deba estar por encima de la autodeterminación del venezolano. El argumento de que "no estamos en capacidad de superar al chavismo-madurismo" es una falacia sin fundamento alguno. El pueblo venezolano ha demostrado, en cada espacio de lucha y resistencia, que posee la madurez política y la fuerza moral para retomar las riendas de su destino. Allí están los resultados electorales del 28 de julio 2024 que fueron desconocidos por el régimen usurpador. Debemos tener la firmeza democrática para señalar que, la soberanía reside en el pueblo, y es ese pueblo el que debe dictar el fin de este ciclo de oscuridad.

La nueva independencia no se construye con retórica, sino con votos y legitimidad. El tránsito hacia la reconstrucción nacional debe pasar, en el menor tiempo posible, por la convocatoria a una elección presidencial, tal como lo establece nuestra Carta Magna. Transcurrido el periodo de 90 días de ausencia temporal del presidente usurpador la Asamblea Nacional debe declarar la ausencia absoluta y convocar a elecciones lo que debería ocurrir el próximo 3 de julio. Sin embargo, para que este proceso sea el verdadero motor de cambio y no una farsa más del régimen, es indispensable restaurar la confianza en el sistema.

La ruta hacia una elección libre y justa requiere condiciones innegociables:

  1. Un nuevo CNE: Integrado por rectores imparciales, técnicos y honorables, ajenos a la militancia partidista.
  2. Legitimación de los Partidos: Devolver las siglas y las sedes a sus legítimos liderazgos, eliminando las intervenciones judiciales que han pretendido fragmentar a la oposición.
  3. Nuevo Registro Electoral: Una depuración y actualización exhaustiva que incluya a los jóvenes que han alcanzado la mayoría de edad.
  4. Voto en el Exterior: Garantizar el derecho humano y constitucional de votar a los millones de venezolanos que se encuentran fuera del país, quienes siguen siendo parte esencial de nuestra nación.
  5. Observación Internacional: Una auditoría y acompañamiento técnico integral de organismos internacionales que certifiquen la transparencia del proceso ante el mundo.

Aquel 19 de abril, el "¡No!" que resonó desde el balcón del ayuntamiento cambió nuestra historia para siempre. Hoy, el llamado es similar. Necesitamos la unión de todos los sectores de la sociedad civil, las organizaciones gremiales, sindicales y los ciudadanos de a pie para exigir el cumplimiento de la Constitución.

Superar la crisis humanitaria y recuperar la dignidad nacional pasa por entender que la independencia no es un hecho estático del pasado, sino una conquista diaria. Venezuela está lista para superar el lastre del autoritarismo y la usurpación y entrar en una era de reconstrucción económica y democrática. El momento es ahora; la historia nos convoca a ser, nuevamente, dueños de nuestro propio destino.

Estamos comprometidos con la democracia, la libertad y el futuro de Venezuela

 


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