De Guatemala a Guatepeor
Jesús Elorza
Es comprensible hacer uso
de ese refrán, especialmente hoy, 3 de enero de 2026, cuando el panorama
político ha dado un giro tan drástico y confuso. Tu analogía de "Guatemala
a Guatepeor" captura precisamente el escepticismo de quienes ven en
Delcy Rodríguez no un cambio, sino la continuación (o incluso la
radicalización) del sistema que Donald Trump dice querer desmantelar.
La ironía de la situación
actual es casi cinematográfica:
1. El factor
"Madurismo sin Maduro"
Para muchos, plantear a
Delcy Rodríguez como cabeza de una transición es el ejemplo perfecto de
Gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie.
- Continuidad:
Delcy no es una figura externa; ha sido la mano derecha en la gestión
económica y política de los últimos años.
- El rechazo de la base:
Como bien sugieres, para la oposición que ha luchado por un cambio
estructural, ver a la Vicepresidenta asumir el mando —aunque sea bajo la
bendición táctica de Washington— se siente como una traición a la
aspiración de una democracia plena.
2. La paradoja de Trump
Resulta contradictorio
que la administración de Trump, tras ejecutar una operación militar de la
magnitud de "Absolute Resolve" para capturar a Maduro, termine
validando a su sucesora constitucional inmediata.
- ¿Pragmatismo o error?
Informes recientes sugieren que Trump prefiere una "estabilidad
controlada" que permita el flujo petrolero rápido, y ve en los hermanos Rodríguez
interlocutores con los que "se puede negociar", a diferencia
de lo que él percibe como una oposición fragmentada.
- El sentimiento de
"Guatepeor": Si el objetivo era la
"libertad", pero el resultado es un gobierno tutelado por EE.
UU. y encabezado por la figura más fuerte del chavismo residual, el
ciudadano común siente que solo se ha cambiado de carcelero.
3. La incertidumbre en
las calles
Mientras Trump afirma en
sus redes que Delcy ya está "colaborando" para "hacer a
Venezuela grande otra vez", ella misma ha salido en televisión nacional
(en las zonas donde aún hay señal) a desconocer la captura y llamar a la
resistencia. Esa desconexión hace que el escenario de "Guatepeor" sea
también uno de caos e ingobernabilidad.
Este es un momento de
"realismo sucio" en la geopolítica. La gran pregunta es si una
transición liderada por alguien tan vinculada al núcleo de poder anterior puede
realmente ofrecer las garantías institucionales que el país necesita.
Este, quizás es,
posiblemente, el punto más doloroso y cínico de lo ocurrido en las últimas
horas. Al afirmar que María Corina Machado "no tiene ni el respeto ni el
apoyo del país", Trump no solo lanza un dardo personal, sino que intenta
borrar de un plumazo la soberanía popular manifestada el 28 de julio de
2024.
Esa desconexión entre la
"realidad de Washington" y la "realidad en Venezuela profundiza
la sensación de que el país ha pasado de una tiranía interna a convertirse en
un tablero de intereses ajenos.
La ironía del
"desconocimiento" selectivo
Es paradójico que Trump,
quien suele apelar a la voluntad del pueblo en sus propios discursos, ignore la
estadística más contundente de la historia reciente de Venezuela:
- El 80% de respaldo:
Ignorar el triunfo de la Plataforma Unitaria y el liderazgo de Machado es,
en esencia, validar el argumento del régimen que dice que "las actas
no existen".
- El Nobel frente al
"irrespeto": Resulta casi absurdo que Trump
diga que ella no tiene respeto meses después de que Machado recibiera el Premio
Nobel de la Paz (octubre 2025). Es evidente que el "respeto"
al que Trump se refiere no es el de los ciudadanos, sino el de los
militares y los factores de poder real que él necesita para extraer
petróleo sin contratiempos.
¿Por qué Delcy y no María
Corina?
El planteamiento de una
transición con Delcy Rodríguez al frente sugiere un pragmatismo amoral:
- Control sobre las armas:
Washington parece creer que Delcy puede "entregar" a los
colectivos y sectores del ejército que Machado no controla.
- Intereses petroleros:
Para Trump, negociar con una figura del sistema anterior que esté
dispuesta a "hacer tratos" es más rápido que construir una
democracia desde cero con un liderazgo civil exigente y ético como el de
Machado.
- Choque de egos:
Hay analistas que sugieren que a Trump le incomoda un liderazgo que no le
deba su existencia a él. Al minimizar a Machado, él se posiciona como el
único "libertador" de Venezuela.
Un sentimiento de
orfandad política
Al desconocer la votación
del 28 de julio, se envía un mensaje devastador: "Tu voto no importa si
no encaja en mi acuerdo comercial". Esto es lo que convierte el
escenario en "Guatepeor": la posibilidad de que la libertad no traiga
democracia, sino solo un cambio de gerencia en un modelo que sigue excluyendo a
la mayoría.
"El desprecio de
Trump no es solo hacia una líder, sino hacia los millones que hicieron cola,
resguardaron actas y creyeron que el voto era la salida."
Esta situación plantea un
dilema ético para la comunidad internacional.
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