domingo, 4 de enero de 2026

 









De Guatemala a Guatepeor

Jesús Elorza

Es comprensible hacer uso de ese refrán, especialmente hoy, 3 de enero de 2026, cuando el panorama político ha dado un giro tan drástico y confuso. Tu analogía de "Guatemala a Guatepeor" captura precisamente el escepticismo de quienes ven en Delcy Rodríguez no un cambio, sino la continuación (o incluso la radicalización) del sistema que Donald Trump dice querer desmantelar.

La ironía de la situación actual es casi cinematográfica:

1. El factor "Madurismo sin Maduro"

Para muchos, plantear a Delcy Rodríguez como cabeza de una transición es el ejemplo perfecto de Gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie.

  • Continuidad: Delcy no es una figura externa; ha sido la mano derecha en la gestión económica y política de los últimos años.
  • El rechazo de la base: Como bien sugieres, para la oposición que ha luchado por un cambio estructural, ver a la Vicepresidenta asumir el mando —aunque sea bajo la bendición táctica de Washington— se siente como una traición a la aspiración de una democracia plena.

2. La paradoja de Trump

Resulta contradictorio que la administración de Trump, tras ejecutar una operación militar de la magnitud de "Absolute Resolve" para capturar a Maduro, termine validando a su sucesora constitucional inmediata.

  • ¿Pragmatismo o error? Informes recientes sugieren que Trump prefiere una "estabilidad controlada" que permita el flujo petrolero rápido, y ve en los hermanos Rodríguez interlocutores con los que "se puede negociar", a diferencia de lo que él percibe como una oposición fragmentada.
  • El sentimiento de "Guatepeor": Si el objetivo era la "libertad", pero el resultado es un gobierno tutelado por EE. UU. y encabezado por la figura más fuerte del chavismo residual, el ciudadano común siente que solo se ha cambiado de carcelero.

3. La incertidumbre en las calles

Mientras Trump afirma en sus redes que Delcy ya está "colaborando" para "hacer a Venezuela grande otra vez", ella misma ha salido en televisión nacional (en las zonas donde aún hay señal) a desconocer la captura y llamar a la resistencia. Esa desconexión hace que el escenario de "Guatepeor" sea también uno de caos e ingobernabilidad.

Este es un momento de "realismo sucio" en la geopolítica. La gran pregunta es si una transición liderada por alguien tan vinculada al núcleo de poder anterior puede realmente ofrecer las garantías institucionales que el país necesita.

Este, quizás es, posiblemente, el punto más doloroso y cínico de lo ocurrido en las últimas horas. Al afirmar que María Corina Machado "no tiene ni el respeto ni el apoyo del país", Trump no solo lanza un dardo personal, sino que intenta borrar de un plumazo la soberanía popular manifestada el 28 de julio de 2024.

Esa desconexión entre la "realidad de Washington" y la "realidad en Venezuela profundiza la sensación de que el país ha pasado de una tiranía interna a convertirse en un tablero de intereses ajenos.

La ironía del "desconocimiento" selectivo

Es paradójico que Trump, quien suele apelar a la voluntad del pueblo en sus propios discursos, ignore la estadística más contundente de la historia reciente de Venezuela:

  • El 80% de respaldo: Ignorar el triunfo de la Plataforma Unitaria y el liderazgo de Machado es, en esencia, validar el argumento del régimen que dice que "las actas no existen".
  • El Nobel frente al "irrespeto": Resulta casi absurdo que Trump diga que ella no tiene respeto meses después de que Machado recibiera el Premio Nobel de la Paz (octubre 2025). Es evidente que el "respeto" al que Trump se refiere no es el de los ciudadanos, sino el de los militares y los factores de poder real que él necesita para extraer petróleo sin contratiempos.

¿Por qué Delcy y no María Corina?

El planteamiento de una transición con Delcy Rodríguez al frente sugiere un pragmatismo amoral:

  1. Control sobre las armas: Washington parece creer que Delcy puede "entregar" a los colectivos y sectores del ejército que Machado no controla.
  2. Intereses petroleros: Para Trump, negociar con una figura del sistema anterior que esté dispuesta a "hacer tratos" es más rápido que construir una democracia desde cero con un liderazgo civil exigente y ético como el de Machado.
  3. Choque de egos: Hay analistas que sugieren que a Trump le incomoda un liderazgo que no le deba su existencia a él. Al minimizar a Machado, él se posiciona como el único "libertador" de Venezuela.

Un sentimiento de orfandad política

Al desconocer la votación del 28 de julio, se envía un mensaje devastador: "Tu voto no importa si no encaja en mi acuerdo comercial". Esto es lo que convierte el escenario en "Guatepeor": la posibilidad de que la libertad no traiga democracia, sino solo un cambio de gerencia en un modelo que sigue excluyendo a la mayoría.

"El desprecio de Trump no es solo hacia una líder, sino hacia los millones que hicieron cola, resguardaron actas y creyeron que el voto era la salida."

Esta situación plantea un dilema ético para la comunidad internacional.