El Voto contra la Bota: 1958 y 2024
El Ciclo de la
Libertad Venezolana
Jesús Elorza
Venezuela se encuentra
hoy en un vórtice histórico donde el pasado y el presente se miran fijamente.
Existen fechas que definen el alma de una nación, y el 23 de enero de 1958
ha sido, por décadas, el faro de la libertad venezolana. Sin embargo, los
eventos que rodearon al 28 julio de 2024 han generado un nuevo hito: la mayor
movilización democrática del siglo XXI enfrentada a la respuesta más
autoritaria de nuestra historia republicana reciente.
Comparar estos dos
momentos no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad política para
comprender cómo la voluntad popular, expresada con una fuerza arrolladora en
las urnas, se enfrenta hoy a un régimen que ha decidido transitar el camino
definitivo de la dictadura al desconocer la soberanía del voto. Si bien han
pasado 66 años, el paralelismo es asombroso. En ambos casos, el detonante no
fue solo la crisis económica o la represión, sino el quiebre de la
legitimidad a través del fraude electoral.
La caída de Marcos
Pérez Jiménez en 1958 no fue un evento fortuito. El detonante inmediato fue
el fraude cometido en diciembre de 1957, cuando el dictador intentó legitimarse
mediante un "plebiscito" viciado que pretendía perpetuarlo en el
poder.
Aquel fraude fue la gota que colmó el vaso de
la paciencia nacional. La sociedad civil, organizada en la Junta Patriótica,
y un sector de las Fuerzas Armadas entendieron que el régimen había perdido
toda base de sustentación moral.
Y
el desenlace fue que, el 23 de enero, el pueblo en la calle
y el sonar de las sirenas marcaron el fin de la hegemonía militarista. La
democracia no solo "retomó su lugar", sino que nació con un pacto de
unidad nacional que garantizó décadas de estabilidad.
Sesenta y seis años
después, Venezuela volvió a una encrucijada similar. El proceso electoral del
28 de julio de 2024 no fue una elección ordinaria; fue, en esencia, el
plebiscito que el pueblo venezolano le impuso a Nicolás Maduro. A diferencia de 1958, donde la resistencia era
clandestina, en 2024 la resistencia fue electoral
y masiva. A pesar de las inhabilitaciones, la persecución y el
ventajismo descarado, la ciudadanía acudió a las urnas con una determinación
que dejó sin argumentos al aparato de control social. Los resultados,
respaldados por las actas recolectadas por la propia ciudadanía, mostraron una
victoria contundente de la opción democrática liderada por Edmundo González
Urrutia y María Corina Machado. El desconocimiento de los resultados por parte del CNE y la posterior
ratificación "judicial" del TSJ —sin mostrar las actas de escrutinio—
constituye el equivalente moderno al plebiscito de Pérez Jiménez. Es el momento
exacto en que un gobierno deja de ser "cuestionable" para ser, ante
los ojos del mundo y de su pueblo, una dictadura abierta.
La gran lección del 23 de
enero 1958 es que el desconocimiento de la voluntad popular es el principio del
fin de cualquier tiranía. En 2024, Venezuela ha demostrado que posee una
reserva moral y democrática inagotable. El camino de la dictadura que hoy
transita Maduro es un callejón sin salida; la historia nos enseña que, tarde o
temprano, la soberanía nacional siempre reclama su trono.
El desconocimiento de los
resultados no es una muestra de fuerza, sino de debilidad extrema. Un
gobierno que necesita esconder las actas es un gobierno que sabe que ya no
representa a la nación. El 23 de enero nos enseñó que el final de la tiranía es
inevitable cuando la unidad es inquebrantable.
Venezuela ha demostrado
que posee una reserva moral y democrática inagotable. El camino de la dictadura
es un callejón sin salida; la historia
nos enseña que, tarde o temprano, la soberanía nacional siempre reclama su
trono.
No hay comentarios:
Publicar un comentario